“Mucha paz tienen los que aman tu ley” (Salmo 119:165).

La sociedad en la que estamos padece de desasosiego. Los problemas que se presentan en todos los sentidos, llenan de inquietud. En alguna medida esto alcanza también a los creyentes, que somos llamados a vivir una continua experiencia de paz. Este es el tema de la penúltima estrofa del Salmo (vv.161-168). Ella presenta tres pasos para la experiencia de tener “mucha paz”.

El primero es el de una elección correcta (vv.161-164). Somos seres con capacidad para escoger. Una mala elección trajo el pecado y sus consecuencias, una decisión de fe, trae la salvación. La paz perfecta comienza por un modo sabio de elegir, que consiste en respetar reverentemente a Dios (v.161). Por esa razón podemos ser perseguidos sin causa: calumnian sin causa, persiguen sin causa. Esto ha ocurrido con Jesús: “sin causa me aborrecieron” (Jn 15:25), por nos dice: “Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Jn 15:20). En la persecución sin causa hay paz, porque “si alguno padece como cristiano, no se avergüence, sino glorifique a Dios por ello” (1 Pd 4:16). El cristiano deja de ocuparse del acosamiento para ocuparse de la Palabra (v.162).

Muchos se obsesionan con sus problemas, pero el que se centra en la Biblia descubre quien es Dios, como actúa y como protege. En ella encuentra algo superior a muchos tesoros, lo que determina una valoración correcta de las cosas. El segundo es limpieza personal (v.163). Lo que amamos determina lo que aborrecemos. El cristiano no miente. No se trata solo de hacerlo con palabras, sino con apariencias engañosas, que la Biblia llama hipocresía. El salmista hace una elección aborrecer y abominar la mentira. El tercero es ocuparse de la alabanza (v.164). La alabanza no es una actividad, sino una actitud. Es con la vida personal que se alaba a Dios (Mt 5:16). La alabanza forma parte de la oración, debemos alabar antes de pedir.

La bendición suprema se alcanza en los pasos anteriores, así lo indica el texto seleccionado: “Mucha paz tienen los que aman tu ley”. Por ella descubrimos una perfecta paz de relación con Dios, sin condenación alguna (Ro 8:1); porque también nos revela la perfecta paz de comunión en medio de los conflictos de la vida, una paz que Jesús da, imposible de hallar en el mundo (Jn 14:27); en ella encontramos la paz de la esperanza, en la promesa de Jesús de venir a buscarnos para que estemos siempre con Él (Jn 14:1-4). Esta paz divina que “sobrepasa todo entendimiento, guardará nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús” (Fil 4:7). La mente llena de Dios, permite la paz de comunión con Él, sintiendo que “el Dios de paz, estará con vosotros”. En el conflicto sabemos que nuestra salvación está en Dios, y sabemos que Él tiene Su tiempo para actuar (v.166). Por eso tenemos paz, porque sabemos que nuestros caminos están delante del Señor, que los conoce (v.168).

Ciertamente necesito experimentar la paz de Dios en mi vida. Siento mi pequeñez y mi impotencia ante situaciones adversas, grandes conflictos y profundos problemas, mi camino es desconocido para mí, pero, “está delante de Él”.

Oración: Padre, tengo paz, porque Tú “me guiarás por sendas de justicia, por amor de tu nombre”. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: El Señor Es Mi Pastor, DMontero – https://www.youtube.com/watch?v=gb5wl_ZTW38

Samuel Perez Millos, Ministerio Aliento – Derechos Reservados © 2017  –www.Maestrasdelbien.org