“Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”. (Filipenses 1:21)

¿Qué será lo más importante en la vida? La respuesta a esta pregunta es tan diversa como personas existen en el mundo. Cada quien tiene una opinión y perspectiva diferente. Lo que sí pudiéramos decir es que lo más importante debe ser algo lo suficientemente valioso que valga la pena luchar por ello, y si fuera necesario, hasta morir.

  • Los norteamericanos creen que es el logro personal y felicidad.
  • Eva creyó que era tomar las riendas de su vida en sus propias manos.
  • Los Saduceos creyeron que era el poder y la influencia política.
  • Los judíos pensaban que era el apego a la letra de la ley.
  • Los vendedores en el templo pensaban que era el dinero.
  • Ester entendía que era sacrificar su vida en obediencia a Dios en lugar de servir al rey.
  • Daniel y sus amigos creyeron que era vivir contra-culturalmente con tal de serle fiel a Dios.
  • Para Ana fue una vida de devoción; 84 años orando y ayunando en el templo.
  • Los griegos pensaron que era el conocimiento.
  • Pablo tenía la convicción de que era vivir para Cristo.
  • El pastor Tony Evans cree que debe ser enfocarnos en la adoración, la comunión, la Escritura y el evangelismo.
  • Y otros piensan que debe ser vivir tu mejor vida ahora.

Entonces, ¿qué es lo más importante en la vida? ¿Cómo lo determinamos y dónde encontramos la respuesta? La respuesta a esta pregunta es de colosal importancia ya que hará la diferencia entre una vida con o sin propósito, de trascendencia o corto alcance, valiosa o desperdiciada.

La pregunta que mas bien debemos hacernos como mujeres de Dios es, ¿qué es lo más importante “para Jesús”? En una sociedad plagada de religiones, cosmovisiones y confusión cultural, y en el que el concenso Cristiano ha desaparecido considerablemente, lo que más debe importarnos es aquello que agrade y glorifique a Dios en Cristo Jesús. Cuando los líderes religiosos cuestionaron a Jesús sobre lo más importante, él lo resumió en dos mandamientos:

  1. Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente (Lc 10:27); y
  2. Amarás a tu prójimo como tí mismo (Lc 10:27).

En ese preciso orden!

Amar al Señor con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todas nuestras fuerzas, y con toda nuestra mente es vivir para El. Pablo lo expresa en Romanos 12:2 diciendo que vivir para Cristo es “no conformarse a este mundo”.

Amadas, no podemos olvidar nuestra verdadera identidad. Como Peregrinas y Extranjeras, ciudadanas del cielo y Embajadoras de Dios, nuestro deber y reto principal es caminar dignas de la vocación con que fuimos llamadas, asidas de la mano de Cristo Jesús. Esto es; caminar con los pies en la tierra pero con la mirada fija en el cielo (Col 3:2). Eso es lo más importante para Dios y ha de ser lo más importante para nosotras.

Oración: Bendito Padre Celestial, que pueda con mi vida traer gloria a Tu nombre al vivir dignamente, realizando todo aquello para lo cual me llamaste y salvaste. Que mi vida pueda exhibir el poder, la gloria y el valor de la sangre que Cristo vertió por mí. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: Preciosa Sangre, JARomero – https://www.youtube.com/watch?v=FO167c88uZM

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