“Aunque afligido yo y necesitado, Jehová piensa en mí” (Salmo 40:17).

¡Una promesa excepcional! Puede ser que esté afligido, agobiado con problemas, en medio de dificultades. Es más, podría ser que a eso se añada una gran necesidad. Pero, ocurra lo que ocurra, hay algo inconmovible, el contínuo pensamiento de Dios hacia mí.

Veo el texto y descubro tres grandes bendiciones en él.

La primera es el pensamiento continuo de Dios. En el original no hay un futuro, sino un presente. No se dice que pensará, sino que piensa en mí. Lo hace en todo momento, en toda circunstancia, en toda ocasión. Ninguna persona, aun quienes más me aman, pueden estar pensando continuamente en mí. Hay otros pensamientos que llenan su mente. Otros cuidados que necesariamente desvían su atención de mí. Pero, no se trata de un hombre, sino de Dios. Cuando Su Palabra dice que piensa en mí, no debo dudarlo ni un instante. Continuamente está ocupado en mí. Mi nombre está escrito en Su mano, horadada por los clavos de una cruz. El pagó un infinito precio para hacerme suyo, y su atención no se aparta de mí. En el pensamiento de Dios no hay cese, ni hay interrupción. Debo saber que nunca me retira de Su solicitud. Continuamente está pensando en mí.

Hay una segunda bendición. El pensamiento de Dios es absoluto. Aún por la persona que mayor interés tenga, desconozco las circunstancias por las que está pasando en cada momento. Si está lejos sólo puedo conocer de su situación cuando me informa. Pudiera ser que la última noticia que tengo de ella sea buena, pero en este momento tal vez ha cambiado. Dios piensa en mí y sabe contínuamente cual es mi situación personal, hasta donde llega mi aflicción, cuál es mi necesidad. Sabe también cada momento de mi futuro, los peligros que enfrentaré y los recursos que necesitaré para superarlos. Cada uno de mis pasos está delante de Sus ojos. Los tramos más intensos del camino, las lágrimas en mi futuro y también los momentos de bonanza y paz le son conocidos. Piensa en mí y conoce todo lo relativo a mí.

Hay todavía otra bendición en la promesa divina. Su pensamiento es comprometido. Cuando pienso en alguien a quien amo, siento el deseo de procurar su bienestar, de ayudarla en cuanto me sea posible. Pero, mi poder es limitado y mis recursos finitos. Muchas veces mi pensamiento quedará solo en buenos deseos, ineficaces en la práctica. Mi buen deseo no es capaz de resolver las situaciones adversas de aquel a quien amo. Sin embargo, quien piensa en mí, tiene poder infinito. Cielos y tierra están bajo Su control y le obedecen. Puede levantarse sobre la barca de mi vida, e increpar al viento violento y a la mar embravecida, que no pudiendo resistir Su autoridad darán paso a una calma plena. Quien piensa en mí no es un Dios lejano, sino próximo. Es el “Dios de toda gracia”. Esa provisión de amor se ha manifestado cuando me recibió en Cristo y me hizo Su hijo. Debo saber que cuando no responde inmediatamente a mis deseos, no es que no quiera, o que sea incapaz de hacerlo, simplemente está esperando el momento oportuno, para multiplicar Su gracia.

Oración: Padre, me arrodillaré en secreto y diré en mi alma: “Dios está pensando en mí”. ¡Gracias! Amén.

Alabanza: Dios Cuida De Mí, DBerrios – https://www.youtube.com/watch?v=tuHOe7iJHr8

Samuel Perez Millos, Ministerio Aliento – Derechos Reservados © 2017  –www.Maestrasdelbien.org