“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre” (Juan 10:27-29).

Hace unos días estuve de visita en una iglesia y en la línea de asientos delante mío había una pareja de jóvenes esposos, que jugaban y reían con su hermosa bebé; mientras esperaban el inicio del servicio. El cascabeleo de la risa de la pequeña era contagiosa y el padre se deleitaba en oírla, así que la provocaba con toda clase de gestos para escucharla una vez más. De repente se acerca una hermana y luego de los besos y abrazos de lugar toma a la niña y se retira a su asiento, el cual estaba ubicado en las líneas traseras.

El padre voltea para ver a su hija, pero por su expresión creo que no alcanzaba a verla. Voltea un par de veces más y así paso un largo rato. Cuando le parece que la niña lleva demasiado tiempo alejada de él, se levanta con pasos firmes y presurosos y va directo hacia su hija. La trae de vuelta y todos regresan a su estado de felicidad y gozo anterior. La acción de este padre terrenal solo me hizo evocar la imagen de nuestro Padre Celestial, quien no escatima esfuerzos y atraviesa toda clase de impedimentos y no descansa hasta que nos trae de vuelta a casa, a su regazo donde estamos seguras y felices.

Amadas hermanas, que afortunadas somos al tener éste Padre, que nunca se olvida de nosotras. El no nos aparta de Su mente. Estamos esculpidas en Sus manos y cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo de nuestras vidas El esta mirándonos. Si estamos en peligro, nos rescata. Si caemos, nos levanta. Si nos extraviamos, nos encuentra. Y una vez mas volvemos a ese estado de gozo que solo es posible en Su presencia. Que hermoso y amante Padre tenemos. ¿No nos maravilla este amor?

Oración: Padre Amado gracias por tanto amor. Gracias porque diste tu Hijo por nosotras, para darnos vida eterna. Gracias por tu cuerpo partido y por tu sangre derramada en la cruz del calvario con la cual redimiste todos nuestros pecados. Gracias porque pastoreas nuestras vidas y nos guías por sendas de justicia. Gracias porque no hay mayor bendición en este mundo que ser parte de tu rebaño. En Cristo te bendigo. Amen y amen.

Alabanza: Padre Amado, MYaroide – https://www.youtube.com/watch?v=3dfiHakTCZs

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