Y murió Elimelec, marido de Noemí, y quedó ella con sus dos hijos,.. Y murieron también los dos, Mahlón y Quelión,..” (Rut 1:3,5)

La historia de Job se repite a menudo. En esta ocasión le tocó a Noemí. Siendo judíos devotos, la hambruna fue tal en Israel que obligó a su familia a dejar su tierra e irse a vivir a Moab, una nación idólatra y corrupta (Números 25).

Estando ya en Moab muere su marido dejándola viuda con 2 hijos, los cuales poco después se casaron, pero que corrieron la misma suerte de su padre falleciendo y dejando a su madre además de viuda, desamparada, sin nietos y con dos nueras extranjeras. El cuadro pintaba que pronto también estas dejarían a Noemí a su propia suerte para rehacer sus vidas.

Las que han quedado viuda sabrán por experiencia propia lo difícil y doloroso que es ver partir a su amado. Y si a esto le sumamos el dolor incomparable que atraviesa una madre al perder a uno de sus hijos, no nos podemos ni empezar a imaginar lo que significa perderlos a todos. Todo parecía indicar que Dios estaba en su contra.

Y por si fuera poco su dolor, ahora Noemí está sin hogar, sin tierra, sin posesiones, sin parientes, en total pobreza y vieja (Rut 1:12). Mas viendo que la situación en Israel mejoraba, ella decide volver a allá lo cual implicaba dejar atrás en tierras de Moab a su difunto esposo y dos hijos. Para seguir la feria de su infortunio, en consideración de su fatal circunstancia; sin poder proveer alojamiento, sustento ni marido a sus nueras, Noemí le aconseja que ambas regresen a su tierra y respectivas familias. Una escena más de partida y dolor.

Al cabo de los 10 años en Moab, Noemí regresa con una mano delante y otra detrás (v.21) a su ciudad. Allí ante la conmoción de la comunidad por su desdicha, en tono de lamento da el testimonio de la manera en que la mano de Dios la afligió (v.20-21). Pero a diferencia de Job, su fe ni su carácter flaquearon. Noemí permaneció fiel hasta el final.

A todas nos han llovido los problemas y en algún momento tendremos que tomar la copa amarga. Lo que es peor, a nuestra mente racional le afectará el no saber los porqués. Lo más importante mientras atravesamos nuestra vía dolorosa y lo que nos ayudará a permanecer en pie, es la profundidad de nuestras convicciones y la anchura de nuestra confianza en Dios. Como Job y como Noemí, sepamos que Jehová dio, pero que cuando Jehová quita, su nombre debe seguir siendo bendecido.

Oración: Padre, la vida nos sorprende con dolores profundos que retan nuestra fe, nuestras convicciones y nuestro carácter. Fortalécenos en el día bueno, para que en día malo podamos permanecer en pie. En mi vida ¡sea Tu nombre por siempre bendito! En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza: ¡Oh! Tu Fidelidad, SGreen – http://www.youtube.com/watch?v=E7OGRkq6ERI

Violeta Guerra para Maestras del Bien -©2017 Originalmente publicado 8/8/13 www.maestrasdelbien.org