La mujer virtuosa es corona de su marido, pero la mala es como carcoma en sus huesos“. (Proverbios 12:4)

Ningún Rey puede existir sin su brillante corona. ¿Sabías que Dios nos dio a nosotras las mujeres el poder para elevar a la posición de rey a nuestros maridos o por el contrario la fuerza necesaria para destruir sus vidas? Con nuestro diario accionar podemos bendecirlos o maldecirlos. ¡Qué valiosa responsabilidad Dios ha puesto sobre nuestros hombros!

No importa las cualidades que posea tu esposo, Dios te ha dotado con la suficiente habilidad y fortaleza para coronar su vida y hacer de él un monarca que está al frente de su pequeño reino llamado hogar, y cuya esposa e hijos; sus súbditos, le muestran la sumisión, el respeto y el amor suficiente para sentirse valorado y honrado en su territorio.

Una mujer que es corona de su marido puede tener un hombre que no gane mucho dinero pero que al ser ella sabia en sus compras y gastos, delante de sus hijos y de los demás, él será visto como un hombre sensato en el manejo de su economía y recibirá honra por eso. Podemos estar casadas con un hombre que no sea un buen padre ni un buen esposo, pero desde temprana edad nos encargamos de educar correctamente a nuestros hijos y de enseñarles a ellos con nuestro ejemplo a respetar a su Padre. Cuando los demás vean el comportamiento de nuestros hijos, y nuestro trato hacia él, valorarán al rey de la casa por tener a una esposa y a unos hijos así.

Una corona muestra toda la majestuosidad de un gobernante. Es símbolo de honra y gloria para el que la posee. Con nuestras virtudes, podemos hacer tan feliz a nuestros maridos como a un rey, procurando siempre el respeto y honor que merecen a tal punto que seremos comparadas como ese preciado y deseado ornamento real, que brilla con un resplandor radiante y que se ciñe a la cabeza de los monarcas.

Por el contrario, la mujer que adolece de estas virtudes, cuyo mal comportamiento, irrespeto, gastos desmedidos, ambición, ligereza de conversación e imprudencia será como podredumbre en sus huesos y hará de su marido un objeto de lástima y menosprecio.

¿Eres digna de que tu esposo te distinga ante otros? ¿Es tu hogar el lugar apto y apropiado en el cual tu esposo puede gobernar? Al ser corona de tu marido serán tus hijos los que luego se levantarán y te llamarán bienaventurada.

Oración: Padre, danos cada día el amor y la sabiduría necesaria para hacer de nuestro hogar un refugio agradable, donde nuestro marido e hijos anhelen estar. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: Sobre Todo, ABarros – http://www.youtube.com/watch?v=b4Q-ydPdNu0

Jeanette Lithgow para Maestras del Bien- ©2017 Derechos reservados www.maestrasdelbien.org Publicado originalmente 8/23/17

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