“Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más”. (Juan 8:11)

Cual un cuadrilátero o ring de boxeo los escribas y los fariseos le trajeron a Jesús una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio de la multitud que escuchaba sus enseñanzas le dijeron: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?” (Juan 8:3-5).

¡Que escena más horripilante! Unos religiosos descubren cual en un circo, públicamente la vergüenza de otra persona. En este caso, ¿Cuál de los dos pecados fue peor; adulterio o falta de amor? O dicho de otra manera… ¿que conducta fue más espiritual; el de la adúltera o la de sus acusadores?

Muy seguramente esta mujer sabía el castigo y la sentencia que le tocaba por vía de la Ley de Moisés. Y aunque no podemos restarle a su pecado, tampoco podemos restarle a la manera tan perversa e inhumana con la que fue tratada de parte de los “administradores” de la gracia de Dios. Lejos de recibir representación legal, esta mujer fue traída delante de una multitud para ser juzgada. Fue un momento difícil en donde solo la gracia de Dios podía dictar la sentencia justa. Así pues, sin quebrantar la Ley y sin disminuir la gravedad de su pecado Jesús fue al corazón y propósito de la disciplina… Restaurar al pecador.

Mostrando él la compasión necesaria para llegar al corazón y restaurar su alma le preguntó: “Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” (Juan 8:10-11). ¡Asunto resuelto!

Amadas, lejos de estar prestas para juzgar y terminar de derribar a otras, después de hacerle ver “con firmeza y amor” a la persona la gravedad de su pecado, tendámosle la mano de auxilio y perdón. 1 Corintios 10:12 nos recuerda: “Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga”. Y tú hermana y amiga, si has caído, no es el fin; levántate, PERO… vete y no peques más.

Oración: Padre, ayúdanos a recordar que cuando un dedo señala a otro, cuatro señalan hacia nosotras. Ayúdanos también a tener presente que la gracia que mostramos debe ser superior a la ley. Y que el que haga volver al pecador del error de su camino, salvará de muerte un alma, y cubrirá multitud de pecados (Stgo 5:20). ¡Oh Señor! Danos de Tu gracia. Por Cristo Jesús, Amén.

Alabanza: Solo Tu Gracia, RGonzález – http://www.youtube.com/watch?v=HW29_jWyK3A

Violeta Guerra para Maestras del Bien – ©2017 Derechos reservados www.maestrasdelbien.org Publicado originalmente 8/30/13

Compartir
Artículo anteriorTú Eres Alguien
Artículo siguienteTomado de la Mano