María y Aarón hablaron contra Moisés a causa de la mujer cusita que había tomado; porque él había tomado mujer cusita“(Números 12:1).

En todas las épocas, la murmuración ha sido uno de los recursos más utilizados por satanás para traer contienda entre familiares y amigos, y para estancar o dividir al pueblo de Dios. La murmuración fue una de las causas por lo que el pueblo de Israel que salió de Egipto no pudo entrar a la tierra prometida. No bien habían visto el poder de Dios, cuando al poco tiempo. Dios abre ante sus ojos el gran Mar Rojo, siendo este uno de los milagros más portentosos realizados por Dios entre los hombres, y pocos días después murmuraban porque no tenían agua, luego porque no tenían pan, luego porque deseaban carne… y así sucesivamente durante todo su peregrinaje en el desierto.

María, hermana de Moisés y Aarón fue aquella jovencita que puso a su hermano en una canasta en el rio Nilo. Al llegar a la adultez, Dios hizo de ella una profetisa y cantora de Israel. Se convirtió por voluntad de Dios en una líder de mujeres, contribuyendo en la liberación y salvación de su pueblo. Con mucha alegría y emoción cantó alabanzas a Dios como muestra de agradecimiento, junto a las dunas del mar Rojo. Sin embargo, esa misma María, es la que luego vemos murmurando contra Moisés; su hermano y siervo de Jehová, quizás motivada por orgullo, inconformidad, envidia y celos. Todo esto disfrazado de una falsa santidad, tomando como excusa que su crítica era debido a que su hermano no estaba actuando como Dios había pautado, casándose con una mujer cusita.

¿Cuál fue el resultado? Su cuerpo fue cubierto al instante de lepra. Fue expulsada por siete días del campamento al estar inmunda y solo regresó cuando Moisés clamó a Jehová por ella. Eso hizo además, detener la marcha del pueblo en su peregrinaje y peor aún, no se vuelve a mencionar más su nombre en la Biblia. Solo se añade donde fue sepultada. Parece que a partir de ese momento, le fue quitado el don de profecía. María, esa valiosa sierva del Altísimo, perdió la bendición de ser una vasija útil al Señor por la murmuración. Dios aborrece la murmuración, la considera indigna y llama a la iglesia a no confraternizar con ninguno que llamándose hermano sea un murmurador. ¿Sabes como Dios llama a los murmuradores en Jeremías 6:28? ¡CORRUPTOS!

Amadas… que nuestros labios no sean el canal para ser desechadas en el servicio y la obra del Señor. Guardemos nuestra boca, guardemos nuestro corazón, meditemos en su Palabra y en todo tiempo llenemos nuestros labios de alabanzas a nuestro Dios.

Oración: Amante Dios, permite que nuestra boca solo hable lo que es verdadero, bueno y necesario. Ayúdanos a desechar todo lo que no esté sustentado en el amor, Por Cristo, Amén.

Alabanza: Que Sería de Mí, JAR – http://www.youtube.com/watch?v=n0FApJtsuFc

Jeanette Lithgow para Maestras del Bien – ©2017 Derechos reservados www.maestrasdelbien.org -Originalmente publicado 9/15/13