“Mas él conoce mi camino; me probará, y saldré como oro” (Job 23:10).

En cierta ocasión se construía un puente sobre un río. Llegó el día en que se terminó la obra y debían ser retiradas las maderas que habían puesto para sustentarlo mientras fraguaba el cemento. El ingeniero que dirigía la construcción llevó a su hijo para que viese el desencofrado del puente. Lo puso en un lugar adecuado y el niño observaba como sujetaban las maderas a cadenas y cables y como grandes tractores tiraban luego de ellas. La tracción hacía que estas se rompieran y fueran cayendo al agua mientras el puente iba quedando a la visa sin los soportes que antes tenía. El niño preguntó a su padre: Papa ¿por qué le pusisteis maderas al puente? Mira –dijo el padre– era para que se sostuviera mientras lo construimos. Bueno –respondió el niño– entonces ¿por qué se las quitan ahora? Sabes –le dijo es para que el puente descanse sin apoyos sobre la roca que está en el fondo del río.

Miremos el texto. Hay tres grandes verdades que producen aliento.

La primera es que Dios nos conoce: “Él conoce mi camino”, por tanto, sabe cómo somos y que necesitamos. Ninguno de nosotros es desconocido para Él. Sabe bien que descansamos en muchas cosas que nos son queridas. En ocasiones nos apoyamos en nuestra familia, en aquellos que están a nuestro lado, con quienes compartimos momentos felices y con los que también hemos llorado. Otras veces nuestro apoyo pueden ser las actividades cotidianas, nuestro trabajo, el negocio, la profesión. Dios conoce bien cuál es el valor que damos a todas estas cosas, porque “El conoce mi camino”.

Una segunda verdad es que Dios nos prueba: “me probará”. Quiere decir que Él retira nuestros apoyos. Elimina lo que nosotros quisiéramos retener pero que Él sabe que está sirviendo para que no descansemos sólo en Él. La prueba es siempre difícil. Dios permite cosas impensables para nosotros. El turbión de la angustia agita nuestra alma. El frío río de la tristeza anega nuestro corazón. Pero, en la misma medida nos hace sentir la dimensión real de aquello en que nos apoyábamos. Dios no tiene ningún interés en que suframos. El sufrimiento por la prueba es una disposición divina para retirar nuestros apoyos a fin de que descansemos sólo en Él. ¿Estás en esta situación hoy? ¿Te estás formulando preguntas que no tienen respuesta? ¿Sientes que aquello que era vital en tu vida ha desaparecido? No dejará Dios hasta que nuestros apoyos nos sean retirados.

Pero volvamos al texto, “me probará”. Lo hace Él. Es una operación dolorosa, pero necesaria, llevada a cabo por una mano de amor que dio a Su Hijo por nosotros.

Hay una tercera verdad: “saldré como oro”. Ese es el final de la prueba. Nuestra fe acrisolada es ahora más fuerte y estable. No hay nada mezclado con ella. Dios retiró nuestros apoyos para que descansemos solamente en Él, que es la roca inconmovible de los siglos. En ese descanso, fortalecida nuestra fe, nos va a dar mucho más de lo que nos ha quitado. Seremos más que vencedores, porque descansaremos sólo en Él.

Oración: Señor, bien puedo decirte: saca de mi vida cuanto sea preciso, pero dame la bendición de sentirme firmemente establecido sobre Tí. Amén.

Alabanza: Mi Dios Es Grande, En Espíritu y En Verdad  –https://www.youtube.com/watch?v=qXOoMIRxyk8

Samuel Perez Millos, Ministerio Aliento -Derechos Reservados © 2017  –www.Maestrasdelbien.org

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