“Vuelve, oh alma mía, a tu reposo, porque Jehová te ha hecho bien” (Salmo 116:8).

Hay inviernos que son más intensos en nevadas. Recuerdo uno en que la nieve cubrió muchas veces las carreteras y los puertos de montaña, haciendo difícil la circulación. En una de esas fechas iba rodando por la autopista. Nevaba tanto que hubo un momento en que los vehículos tuvieron que detenerse. Las máquinas quitanieves quedaron bloqueadas por los coches de modo que no podían actuar. La policía tuvo que interrumpir el tráfico en la cima de la montaña mientras esperaban que otras quitanieves vinieran en ayuda de los muchos automóviles detenidos. Después de una hora parados, los vehículos estaban quedando bajo la nieve. Todos estábamos un tanto intranquilos. De pronto aparecieron dos de las máquinas y limpiaron la carretera. Poco a poco nos pusimos en marcha, recobrando la calma. Se había despejado el camino y podíamos volver a circular.

Muchas veces nuestra vida está atravesando por momentos de inquietud y de zozobra. La tranquilidad desaparece y sentimos que la situación se agrava de tal manera que nos resulta imposible de superar. Algunas veces estamos sentados al borde del camino llorando nuestras penas; otras miramos hacia delante sin esperanza alguna de encontrar una salida a esa situación. No sentimos azotados por el temporal de la vida, incapaces de reaccionar. Esa situación se produce porque olvidamos que Dios nos ha hecho bien. La acción divina en nuestra vida ha sido siempre una manifestación de bondad. El bien hacia nosotros comenzó por nuestra salvación. La Cruz fue necesaria para ello.

Dios, para hacernos bien, tuvo que enviar a su Hijo y entregarlo para que, ocupando nuestro lugar, pudiera manifestarse como nuestro Salvador y constituirse en nuestra esperanza. No hay ya condenación para nosotros, los que estamos en Cristo (Ro 8:1). No hubo exigencia alguna para salvarnos, lo hizo Él, por Su gracia. Quien nos salvó también nos ha hecho Sus hijos por adopción. Su amor se manifiesta continuamente hacia nosotros. Nada ni nadie podrá separarnos de Él. Las adversidades más grandes y las caídas más graves, no son obstáculos para que Dios nos siga amando.

Nuestras dificultades hacen que en ocasiones nos olvidemos de que estamos siendo favorecidos por Dios. Las pruebas por las que pasamos indican que el Señor está preparándonos para ser bendecidos. Esas son siempre limitadas, “por un poco de tiempo”, no vamos a estar mucho bajo ellas. Además, se producen solo cuando “son necesarias”. El propósito de las pruebas tiene que ver con la bondad de Dios hacia nosotros para que “sometida a prueba vuestra fe… sea hallada en alabanza gloria y honra cuando sea manifestado Jesucristo” (1 Pd 1:6-7). ¿Por qué inquietarnos? Ahí está el texto que nos exhorta a recuperar la calma porque el Señor está actuando en Su sabiduría y bondad en nuestras vidas, para hacernos bien.

Oración: Señor, dame sabiduría para entender Tu propósito en mi vida, y calma para descansar confiadamente en Tí. Amén.

Alabanza: Eres Mi Respirar, BLEST – https://www.youtube.com/watch?v=35HBE267EQM

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