Levántate, vete a Sarepta de Sidón y mora allí; he aquí yo he dado orden allí a una mujer viuda que te sustente“. (1 Reyes 17:9)

¡Nuestro Dios tiende a ser muy gracioso! Viuda es un título que se le asigna a toda mujer que pierde a su marido en la batalla con la muerte. La historia de esta es interesante porque el texto bíblico omite su nombre, lo cual deja espacio para que pongas el tuyo en su lugar, y para llevar nuestras mentes a pensar, no tanto en ella, sino en el Dios de su sustento.

Esta viuda madre de un niño pequeño, con la muerte de su marido perdió también al igual que muchas, el sustento de su familia. El cuadro económico de la nación era devastador haciendo aun más difícil la sobrevivencia de ella. Las preocupaciones no le faltaban y podemos suponer que su fe también había sido fuertemente sacudida.

Con una vida difícil de sobrellevar y apenas un poco de harina que preparar para comer untada de lo que quedaba de aceite en la vasija y dejarse morir, va contra toda lógica que le llegue a esta pobre mujer un extraño viajero a quien Dios suma a su inexistente canasta familiar. ¡Que sentido del humor!

Me llama la atención el énfasis del viajero al decir: «Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano.» ¡La consciencia de dar! A pesar de todo lo ocurrido en la vida de esta mujer, su fe iba a ser estirada aun un poco más y elevada al grado de tenerse que negar a sí misma. A lo largo de toda la Biblia Dios ha prometido ser el Defensor y Proveedor de las viudas (Sal 68:5-6), y sus promesas son su principal vía de sustento. Era hora de la viuda depender y vivir por la fe en ellas. Amadas cuando la lógica humana carece de sentido, la gracia de Dios nos ha de ser suficiente.

La harina y el aceite se multiplicaron cada día no por ser almacenados sino por ser compartidos (v.16). Su alimento diario fue milagroso y la promesa de que los justos “No serán avergonzados en el mal tiempo, y en los días de hambre será saciados” (Sal 37:19) se cumplió. El cuidado de Dios fue exquisito, y la recompensa por olvidarse de sí y cuidar al enviado de Dios fue super-abundante. Al final de su prueba, llena de asombro y gratitud la viuda exclamó: «Ahora conozco que tú eres varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu boca». Una fe avivada en medio de las tribulaciones.

Oración: Señor, gracias porque Tus promesas son fieles y verdaderas, y apoyo poderoso de nuestra fe. Gracias porque se cumplen cada día en nuestras vidas. Que Tu providencia no falte en el hogar de tantas mujeres viudas, y que su fe frágil y quebrantada pueda ser avivada y fortalecida por Tí. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza: Dios de mi Sustento, XXXIIIDC – http://www.youtube.com/watch?v=8syr5TzR86Q

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Originalmente publicado 8/12/2013