“He aquí herencia de Jehová son los hijos; cosa de estima el fruto del vientre”. (Salmo 127:3 )

Una mañana mientras lavaba los platos, meditaba en el gran compromiso que es criar hijos para la gloria de Dios en medio de un mundo sin valores. Si analizamos nuestro corazón nos daremos cuenta que desde nuestra niñez añorábamos ser madres y jugábamos a serlo con las muñecas. Era algo en extremo fácil, porque las muñecas eran obedientes y amorosas todo el tiempo. Se sentaban como queríamos, decían lo que queríamos, comían lo que le dábamos, atendían súper bien a los invitados y nunca protestaban por la ropa que le poníamos aunque ésta fuera una horrenda creación nuestra. Era un mundo ideal, que solo existía en nuestra imaginación de niñas.

Si pensábamos que al igual que nuestras muñecas, nuestros hijos serian perfectos, desde el mismo día de su nacimiento vimos que no sería así. Algunos nos dieron muchas dificultades para tomar el pecho, otros no nos dejaron dormir por meses, otros duraron demasiado tiempo para caminar o hablar y otros fueron diagnosticados con déficit de atención al ingresar al preescolar. Conforme fueron creciendo nuestros hijos, también sus problemas conductuales y académicos y cuando llegó la adolescencia, llegaron las grandes batallas contra las hormonas, las esperas en las reuniones de amigos, y sumemos las exigencias propias de la personalidad egoísta de todo joven.

Nuestros hijos aunque imperfectos, son un hermoso regalo de Dios, quien los ha puesto en nuestras manos para que los amemos y disfrutemos, para que los ayudemos en las dificultades, para levantarlos y restaurarlos en amor si caen y sobre todo para instruirlos en la Palabra de Dios, en su amor y su servicio. Aunque el mundo a su alrededor tenga todos los valores invertidos y a lo malo llame bueno y a lo bueno malo, si somos firmes y constantes en la disciplina, la exhortación y la oración, el Señor quien es fiel, los guardará y veremos cumplidas en ellos todas sus promesas.

Amadas hermanas recordemos que nosotras también somos hijas imperfectas de nuestro Padre Celestial, quien ha sido muy paciente con cada una de nosotras. Que podamos mostrar esa misma gracia y misericordia para con nuestros hijos. Tenemos un gran reto, pero no estamos solas, Dios está a nuestro lado y Él es quien adiestra nuestras manos para la batalla.

Oración: Padre que podamos estar orando por nuestros hijos en todo tiempo, apercibidas de que son Tuyos y no nuestras. Ayuda a las madres jóvenes a no desesperarse, ni agobiarse y a buscar sabiduría en Tí cuando no sepan qué hacer. Ayúdalas a amar a sus hijos y a disfrutar cada día de la gran bendición que es la maternidad. En Cristo Te lo pedimos. Amen.

Alabanza: El Padre Que Siempre Soñé, AZavala – http://www.youtube.com/watch?v=jKrPFqZG0pY

Belinda Castellanos para Maestras del Bien ©2017 Derechos reservados www.maestrasdelbien.org -Originalmente publicado 2-2-14