Donde algunas ven problema, otras ven oportunidad. Donde algunas ven fracaso, otras ven victoria. Donde algunas ven el final, otras ven un nuevo comienzo. Y donde algunas ven muerte, Dios ve vida y vida en abundancia. ¿Y tú, qué ves?

Todas en alguna ocasión nos hemos visto en uno o varios de estos grupos; tanto del lado gris y sombrío, como del lado optimista y esperanzador.  Y es que,

En primer lugar,

Como dice Ec 7:14b “Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él”. Esto es, para que dirijamos nuestra mirada hacia él. Y,

En segundo lugar,

Para que como Cristo, quien fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado (Heb 4:15), nosotras también podamos experimentar en carne propia lo bueno y lo malo, a fín de que nos sensibilice, concientice y permita identificar y compadecernos de los padecimientos de otros; cualesquiera que sean.

  • Fue a causa de la incredulidad que Dios interpuso la fe por medio de Abraham (Gal 3:6-14)
  • Fue para preservar Su descendencia que permitió que José fuera vendido como esclavo (Ex1:5)
  • Fue a causa de la esclavitud y opresión de Israel que levantó a Moisés de libertador (Ex 3:9-12)
  • Fue a causa del pecado que Dios envió a su Hijo por medio de María (Gal 4:4)
  • Fue a causa de los escogidos que Dios escogió a 12 y estableció la iglesia (Jn 16:5-8, Hch 1:4-5, Ef 3:9-10)
  • Fue por causa de las viudas desatendidas que se dio lugar al establecimiento de diáconos (Hch 6:1-6)
  • Fue por causa de la expansión del evangelio que el Esp Santo envió a Pablo y Bernabé de misioneros (Hch 13:2)
  • Fue a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo que el Espíritu Santo dio dones a los creyentes, constituyó apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros (Ef 4:11-12)
  • Fue debido a las deficiencias en Creta que Pablo mandó a que se pusiera orden mediante el establecimiento de pastores en cada ciudad donde había una iglesia (Ti 1:5)
  • Fue a fin de darle continuidad a la obra de Cristo, que Pablo mandó a que se encargara a 4 generaciones de hombres fieles e idóneos para que enseñaran también a otros (2 Tm 2:2)
  • Y, fue por causa de las generaciones más jóvenes de mujeres y el buen nombre del evangelio, que Pablo mandó a encargar a mujeres maduras y maestras el bien, para enseñar a otras en todas las disciplinas propias de una mujer piadosa (Ti 2:3-5)

En cada uno de los relatos mencionados:

1ro: Las necesidades dieron orígen a llamados personales y ministerios particulares

2do: Salvo Jesús, los siervos escogidos eran personas débiles y ordinarias como tú y yo

3ro: Al igual que los mencionados, hoy también Dios quiere usarte a tí y a mí

Cuando en Isaías 6:8 Dios dijo “¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros? Isaías inmediatamente respondió: “Heme aquí, envíame a mí”. Esa es la actitud de siervo que cada hija del Señor debe tener; “Yo iré, yo daré, yo haré, yo apoyaré”.

La mies es mucha y pocos los obreros porque innumerables son las necesidades que existen. Pero gracias sean dadas al Señor que el Dios en quien hemos creído, por su gran amor, poder, y gracia inigualable no nos deja postradas del lado negativo y desconsolador de los problemas, sino que después de capacitarnos y disciplinarnos mediante ellos mismos, nos da la visión e imprime una carga en nuestros corazones para responder a las realidades patentes de nuestra sociedad. Así

  • Eva, con sus virtudes y defectos aceptó ser madre de todos los vivientes
  • Rut, poniendo a un lado su conveniencia, acompañó y se encargó de una mujer que además de amargada, estaba abatida por los problemas de la vida
  • María, aceptó la responsabilidad y el reto de traer al mundo al Mesías prometido
  • Elisabet apoyó, aconsejó y le brindó refugio y hospitalidad a una joven soltera, turbada con su embarazo
  • Salomé, acompañó y apoyó económicamente el ministerio terrenal de Jesús

Amadas, Dios nos ha mostrado las necesidades a partir de las cuales se pueden levantar preciosos ministerios. Solo falta que tu y yo nos levantemos y le digamos: “Heme aquí”.

En lugar de lamentarnos o quejarnos ante las dificultades de la vida, ¿qué tal si le damos gracias al Señor por abrir nuestros ojos y mostrarnos la oportunidad de decir: “yo me encargo, seré la respuesta, te seguiré”? Te retamos a mirar a tu alrrededor y ser de bendición.

¿Que centros de ayuda existen en tu comunidad en los que puedes colaborar con tus talentos, tiempo y recursos, o cuales empezarás tú? Coméntanos…

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