Estaban allí muchas mujeres mirando de lejos, las cuales habían seguido a Jesús desde Galilea, sirviéndole, entre las cuales estaban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo”. (Mateo 27:25-26).

Las mujeres crecemos bíblica y experimentalmente mejor mediante la interacción, entre mujeres, en grupos pequeños, enseñando a otras y en estudios personalizados. Esto es bíblico, doctrinal y un mandato (Tit 2:1). Fue lo comisionado por Pablo a Tito (2:4). De ahí la importancia de los ministerios de mujeres en la iglesia y nuestra participación activa en los mismos.

A las mujeres nos gusta estar en grupo y acompañadas unas con otras. Leemos en Lucas 23:5-24:1 como “las mujeres  que habían venido con Jesús desde Galilea, vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo, vueltas  prepararon especias aromáticas y ungüentos; y el primer día de la semana, muy de mañana, vinieron al sepulcro, trayendo las especias aromáticas que habían preparado, y algunas otras mujeres con ellas”. Notemos la riqueza del plural utilizado en estos versículos para referirse a “las mujeres y todo lo que juntas hicieron”.

La interacción entre mujeres cristianas es buena, necesaria y enriquecedora. Nadie mejor que una  mujer para enseñarle a otra acerca de espiritualidad  y las doctrinas bíblicas del matrimonio y la sujeción, la maternidad y crianza de los hijos, la buena conducción y mantenimiento del hogar, el ornato y la prudencia, y el respeto y buena conducta cristiana (Tit 2:2-5). Ella nos habla desde nuestra propia perspectiva en plena comprensión e identificación de nuestras necesidades y circunstancias. Y es capaz de corregirnos con ternura y compasión a la vez que con rectitud y firmeza.

Las reuniones de mujeres crean también comunidades con un clima propicio para la evangelización natural y efectiva de otras mujeres. De ahí que a Pablo le resultó fácil ganar el corazón de Lidia junto al río donde las mujeres solían reunirse para orar (Hch 16:13-14).

En tiempos donde la mujer alcanza mayores niveles de preparación y la asistencia a la iglesia disminuye, cuán importante es prestar atención y fomentar las reuniones femeniles. A la soltera le hará sentir en familia y a la mayor entre el cuidado amoroso de sus hijas.

No podemos descartar en lo absoluto la importancia del culto y el estudio bíblico congregacional. Mas si la mujer desea sentirse conectada y la iglesia desea experimentar un avivamiento, debe empezar a considerar con mucha seriedad y diligencia el discipulado de grupos pequeños de mujeres.

Oración: Gracias Padre por la manera en que Tu estás inquietando y movilizando a las mujeres en las iglesias. Despierta a los pastores y líderes a esta realidad y ayúdalos a no temer de nuestra capacidad y diligencia. Gracias por hacernos una parte vital de la vida, ministerio y desarrollo de Tu Cuerpo. En el nombre de Jesús, amén.

Alabanza: Supe Que Me Amabas, MGándara – https://www.youtube.com/watch?v=d_oQ78SFioE

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