Y allí le crucificaron y con él a otros dos, uno a cada lado, y Jesús en medio” (Juan 19:18).

Jesús no fue crucificado solo en el Calvario, lo acompañaron dos malhechores. Uno fue puesto a la derecha y otro a la izquierda. Estaban tan cerca uno de otros que podían hablarse entre sí. La reacción inicial de estos hombres fue repetirle a Jesús lo mismo que los principales sacerdotes y los escribas gritaban: “A otros salvó, a sí mismo no se puede salvar; si es el Rey de Israel, descienda ahora de la cruz, y creeremos en él…Lo mismo le injuriaban también los ladrones que estaban crucificados con él” (Mt 27:42, 44).

Pero, mientras las horas avanzaban, en el corazón de uno de los dos ladrones se produjo un cambio inesperado. Él reconoció que era pecador, que merecía ese tipo de muerte, pero de Jesús dijo: “Éste ningún mal hizo” (Lc 23:41). Acto seguido el ladrón arrepentido le dijo a Jesús, “Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino” (Lc 23:42).Fue una oración sincera, sencilla, que reflejaba su verdadera conversión. Como respuesta, Jesús le dijo “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lc 23:43).

Los dos eran hombres muy viles y aunque momentos antes, ambos injuriaban a Jesús y se burlaban de Él, solo uno de ellos, reconoció que Jesús era el Cristo, el único que podía liberarlo de la muerte eterna al reconocer su pecado. Así… en un segundo, alguien que estaba a un paso del infierno fue arrebatado por el Señor. Cuando ese ladrón confió en Cristo, sus pecados fueron inmediatamente limpiados por la sangre del Cristo, su alma perdida fue redimida, dejó de ser ladrón y se convirtió en hijo de Dios; así que Jesús le pudo decir a él: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Uno se salvó pero otro se perdió, aunque ambos estaban TAN CERCA DEL SALVADOR.

De igual manera puedo decirte que no importa si vas cada domingo a la iglesia, si cada semana comulgas, si has tenido el privilegio de nacer en un hogar cristiano, si has hecho la primera comunión o te has bautizado… Si no te arrepientes de tus pecados y confías en Jesús como tu único Salvador, correrás la suerte del otro ladrón y tu alma se perderá eternamente. No importa que tan vil seas o si por el contrario, te consideras muy buena, Dios anhela salvarte. Él está a la puerta de tu corazón esperando que le abras. Mientras tu corazón lata en este mundo la oportunidad estará abierta, pero no confíes en dejarlo para más tarde. Recuerda que ambos ladrones tuvieron la oportunidad pero solo uno la hizo suya en el tiempo oportuno. Hoy es el día aceptable… hoy es el día de salvación.

Oración: Padre Dios, gracias por amarnos de tal manera que enviaste a Tu Hijo a morir por mí. Gracias por hacerme Tu hija y regalarme la vida eterna. Que este día mi Dios sea un día de salvación. En el nombre precioso de Jesús, Amén.

Alabanza: Si Hubiera Estado Allí, JAR – http://www.youtube.com/watch?v=KwftP2C9Hcs#aid=P-a-NScFxps

Violeta Guerra para Maestras del Bien ©2017 Derechos reservados www.maestrasdelbien.org -Originalmente publicado 4/24/14