Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. (Lc. 15:21-22)

El hijo pródigo de Lucas 15 enfrentó serios problemas de identidad. Siendo hijo de un rico hacendado y participando y gozando de los privilegios que su posición de hijo le otorgaba, decidió un día dejarlo todo e irse a vivir como el montón.

Malgastó todo. Fue de lo sublime a lo ridículo, al punto que deseaba comer las algarrobas de los cerdos. Un ciudadano de esa tierra, a la cual él no pertenecía, lo puso a hacer cosas que no eran propias de un hijo de hacendado. Mirándose en ese cuadro y por la misericordia de Dios, un día volvió en sí. Recapacitó, y descubrió algo… que estaba en el lugar equivocado, con la gente equivocada y haciendo cosas cuestionables y reprochables. Fue entonces que:

  • Se descubrió a sí mismo
  • Vió el lugar donde estaba
  • Entendió lo que estaba haciendo

Dando pues fruto digno de arrepentimiento, dio un giro radical y fue corriendo en dirección, a “su tierra” y a “su parentela”, pero llega con la idea de seguir siendo como un jornalero y mentalmente estaba condicionado a vivir en casa como si aún estuviera en la otra provincia.

Obviamente no era propio ser, actuar y vivir como un jornalero, siendo hijo del dueño. Y dada esta realidad el padre le reestablece su identidad y posición. Dice la Lc 15:22 que su padre “lo vistió”. Lo vistió con una vestidura acorde a su identidad y posición. Amadas, las hijas de luz debemos tener una vestidura distinta a la del mundo.

Así pues, Pablo escribió en 1 Corintios 1:2 “a la iglesia de Dios que está en Corinto, a los santificados en Cristo Jesús, llamados a ser santos con todos los que invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor de ellos y nuestro”. Un llamado a vivir de acuerdo a nuestra profesión en Cristo Jesús. Amadas, ser creyentes, ser una Maestra del Bien no es: Una moda, un estatus social o una religión. Es… ¡una posición SANTA!

Apartadas del mundo y distinguida del montón, para reflejar las virtudes de Aquél, que nos llamó de las tinieblas a Su luz admirable.