Ninguno tenga en poco tu juventud, sino sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza (1 Tim. 4:12)

Empecé a asistir al grupo de jóvenes de la iglesia a los 23 años; bastante tarde en comparación con el joven cristiano promedio. Era una reunión diferente e inusual para mí, y la primera vez que asistía a la iglesia como joven adulta. Semana tras semana observaba lo integrados y alegres que se veían todos en esa reunión.

Los jóvenes estaban divididos en 2 equipos y, a lo largo de todo el trimestre, estaban estudiando un libro de la Biblia. Diferentes juegos bíblicos, debates y competencias conformaban las 2 horas de la reunión. Sus respuestas parecían mucho más rebuscadas y profundas que lo que yo leía en la Biblia, y hacia el final del trimestre descubrí porqué: ellos estaban equipados con Diccionarios, Concordancias, Libros de Historia, Atlas Bíblico, y cuantas cosas más existen.

Yo quería competir y ser parte de la reunión y me esforcé grandemente para estar al nivel de los demás. Perdí en cada intento, pero al final de las competencias para mi sorpresa, se me reconoció por mi esfuerzo. La verdad es que me esforcé mucho. Así que me regalaron un libro y salí de esa reunión sintiéndome como una ganadora.

Sé que fuí la que menos contribuyó al éxito del equipo, pero el líder vió más allá de mis respuestas equivocadas: un gran esfuerzo. El reconocimiento de mi esfuerzo y ese libro aparentemente insignificante de algunos pesos que me regalaron, marcaron la diferencia en mi vida espiritual. De ahí en adelante y hasta el día de hoy, el reconocimiento de ese líder me motivó, y enseñó que en la vida más importante que ganar, es esforzarse. También me enseñó cuán importante es reconocer y valorar el esfuerzo de otros.

A través de los años y las diferentes oportunidades de enseñanza que se me han brindado, he aprendido que debo aprovechar la oportunidad de demostrarle a cada alumno que:

  1. Los estoy tomando en cuenta
  2. Me importan personalmente
  3. Estoy interesada en su crecimiento espiritual

El papel de una Maestra del Bien. Me gustaría animarte a ti también a reconocer a todos y cada uno en tu aula. Un pequeño gesto, puede marcar una vida para siempre.