“Entonces los gobernadores y sátrapas buscaban ocasión para acusar a Daniel en lo relacionado al reino; mas no podían hallar ocasión alguna o falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fue hallado en él.  Entonces dijeron aquellos hombres: No hallaremos contra este Daniel ocasión alguna para acusarle, si no la hallamos contra él en relación con la ley de su Dios.” (Daniel 6:4-5)

Daniel era un alto funcionario del gobierno con otros funcionarios bajo su supervisión. ¿Era posible que no hubiese fallado en nada? Cuando estamos en un cargo de alto nivel, tenemos la mirada de toda la empresa encima, y mucho más cuando se trata de una mujer. Nuestras decisiones afectan a un gran personal y somos objeto de su crítica, sin que falten las comparaciones de cómo lo habría hecho un hombre. Aunque intentemos hacer un excelente trabajo, sabiendo que trabajamos para Dios y no para ser visto de los demás (Col. 3:22), como humanas hay momentos en que fallamos.

El Señor no nos está pidiendo que seamos perfectas en lo que hacemos, nos pide fidelidad a Él. Por su fidelidad, Dios le concedió a Daniel el tener una buena imagen delante de los hombres. Fíjese que el texto dice que “no podían hallar”, eso no significa que no tuviera ninguna falta, sino que Dios las escondió de ellos y lo único que pudieron hallar fue su fidelidad a Dios.

Aunque Satanás siempre tratará de resaltar nuestras faltas, no debemos olvidar que hemos sido limpiadas por la sangre de Cristo (1 Jn. 1:7) y que Dios nos ve como si nunca hubiésemos pecado (Heb. 8:12).

Oración: Sublime Señor, ayúdame a serte fiel en mi manera de vivir y concédeme el ser vista de los demás sin faltas, que sólo puedan acusarme de ser una creyente fiel. En el nombre de Jesús, Amén.