Pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado. (1 Juan 1:7)

Nada trae al corazón mas gozo, satisfacción y realización, que el disfrutar una relación íntima con Dios; Creador del Cielo y de la Tierra, el mundo y los que en el habitan. Como dijera alguno: “La adoración (comunión) es el llamado más alto, y más noble ocupación de un creyente hacia Dios”.

Dos pasajes de las Escrituras captan el alma y corazón de lo que realmente es la comunión con Dios. La misma se expresa a través de dos realidades. Los elementos que definen, expresan y dan forma a estas realidades la encontramos en Hechos 2:42-47 y Juan 3:16.

                   a)     La primera, es comunión con Dios en el seno de la comunidad; esto es, en la koinonía de los hermanos.

                   b)     La segunda, es la comunión con Dios a través de Su Hijo. Comunión hecha posible por la entrega voluntaria, desprendida y sacrificial de Jesús por el pecador, mostrando en un acto sublime de amor, Su interés por la humanidad.

Hechos demuestra que no puede existir comunión con Dios aparte de Su Cuerpo. No podemos pretender amar a Dios profundamente, mientras nos consumimos en apatía hacia Su Cuerpo; la Iglesia, nuestros hermanos.

Más bien, Dios manifiesta Su amor y cuidado hacia nosotros a través de la comunión y dones de la comunidad de fe. ¡Cuántas de nuestras necesidades han sido satisfechas a través de los dones y habitación del Espíritu Santo en cada creyente! ¡Cuánto somos edificadas en la gracia y conocimiento de nuestro Señor Jesucristo, a través de los dones que son dispensados a los hermanos en la congregación! En ella enseñamos y aprendemos, damos y recibimos, servimos y somos servidos, amamos y nos aman, cuidamos y nos cuidan. Compartimos, nos fortalecemos, participamos, nos comunicamos, y nos regocijamos juntamente en el Señor nuestro Dios. Hay una maravillosa experiencia de intercambio. ¡Oh, somos una verdadera familia!

Juan por su parte, habla del tipo, calidad y la extensión del amor de Dios. Un amor que se da con liberalidad; voluntaria y desinteresadamente. Un amor sin reservas; que entrega todo. Un amor que perdona. Un amor que es obediente, diligente, ferviente y determinado. Un amor que crea y permite una relación. Un amor que va más allá de toda expectativa.

Hay tanto que decir acerca del amor de Dios hacia los hombres, que nos quedamos cortas de palabras. Sin embargo, existe una palabra silente que se abre paso y viaja a través del corazón de ambos pasajes: Relación.

La comunión se trata de una relación. Una relación expresa y comparte una vida en común; una relación caracterizada por el intercambio, en un fluir abierto y contínuo de comunicación, confianza, obediencia, sinceridad, transparencia, amor e interés genuino el uno por el otro.

Cuando esto se vuelve una vivencia real en nuestra vida, entonces experimentamos lo que es adorar a Dios en espíritu y en verdad. Porque la veradera adoracion se define en el contexto de la comunión con Dios y Su Cuerpo.

Oración: Amado Dios, ayúdame a perfeccionar mi amor de manera tal, que la relación con mis hermanos, exprese una viva comunión contigo. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza Sugerida: Vengo a Adorarte, BLEST – http://www.youtube.com/watch?v=yS273LuLBC4