Alégrate mucho, hija de Sion; da voces de júbilo, hija de Jerusalén; he aquí tu rey vendrá a ti, justo y salvador, humilde, y cabalgando sobre un asno, sobre un pollino hijo de asna. (Zacarías 9:9)

Miles de años después de la declaración de Gn. 3:15, y seguido de un período de 400 años de silencio después de Malaquías, se rompe el silencio y Mateo nos trae Buenas Nuevas; esto es, el cumplimiento de la promesa de Gn 3:15, Isaías 7:14, 9:6-7 y Miqueas 5:2.

Bajo la dirección providencial de Dios, los libros proféticos del AT son seguidos por el Evangelio del cumplimiento de las profecías, en armonía con “al judío primeramente…” (Rom 1:16) y “me seréis testigos en Jerusalény hasta lo último de la Tierra” (Hch 1:8). Así que Mateo, el Evangelio más judaico, escrito por un judío para los judíos, inaugura el NT.

Divinamente inspirado, lo primero que hace Mateo es presentarnos una genealogía porque todo el futuro depende y está atado a ella. Era de suma importancia que el linaje de Jesús se pudiera trazar a través de David, así que Mateo se dispuso a probar irrefutablemente que Jesús es el auténtico Rey mesiánico y la simiente genuina de Abraham, a quien fue hecha la promesa (Gál 3:16), mediante esta genealogía.

A pesar de largos años de espera; de cambios, victorias, tribulaciones, incertidumbre, cautividad, persecución, y todo tipo de altibajos, la promesa de Dios se mantuvo y Su mano providencial preparó y orquestó todo para la llegada del Mesías prometido; el Rey de Israel.

¿Cuándo llegó Jesús? He notado que las veces que he cambiado de departamento o empleo, llego al nuevo solo para encontrarme con que tengo que arreglar y resolver problemas. Pues, Jesús llegó a la escena justo en el momento necesario; de mayor precariedad y necesidad espiritual. “En el cumplimiento del tiempo” (Gal 4:4-5). Llegó a inaugurar y tomar las riendas del Reino de los Cielos en la Tierra.

Amada, Tu Rey ya viene a socorrerte en medio de tu situación, pues Aquél que cumple Sus promesas ha prometido ser “tu pronto auxilio en medio de las tribulaciones“. (Salmos 46:1)

No hay duda; Jesús, el Rey y Mesías prometido, llegó. Pero él no solo fue el Rey de la paz, el amor y la provisión dondequiera que llegaba, sino el de todos los corazones que por la fe lo recibieron. A estos pudo decirle: “… Hija, tu fe te ha salvado, ve en paz”. (Mc 5:34, Lc 7:50, 8:48)

Amada, ¡Tu Rey ha llegado! Permítele tomar las riendas de tu ser, y preséntaselo a tu familia y relacionados.

Oración: Amado Señor, perdona mi resistencia. Deseo que verdaderamente Tú seas Rey de mi vida, y que así por la fe en Tí, mi descendencia también pueda ser contada por la fe en Tu árbol genealógico. Es mi deseo y regalo en esta Navidad, por Cristo, Amén.

Alabanza Sugerida: El Rey Ya Viene, RCrooke – http://www.youtube.com/watch?v=w3VMZC-PShU

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