Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. (Lc 2:15)

Hay una gran diferencia entre lo histórico, y lo que hace historia.

Cuando algo es significativo, apunta mas allá de sí mismo, hacia algo mayor. El registro bíblico acerca de las circunstancias, condiciones, ciudad, y todo lo que enmarca la historia del nacimiento de Jesús, nos muestra las realidades que acentúan  fuertemente Su humillación, y Su voluntad de despojarse de “toda gloria” (Fil 2:5-11), siendo su descenso del cielo a la tierra la primera muestra de esta gran verdad.

¡Wow, que humillación! siendo Dios, hacerse hombre; siendo Dios, nacer en un humilde pesebre.

Pero a pesar de la voluntad de humillarse y los esfuerzos por despojarse de Su gloria, la noche que Jesús nació sucedió algo realmente “espectacular”. Lucas nos relata en el capítulo 2:8-14 que esa noche las llanuras de Belén se convirtieron en el teatro de uno de los espectáculos de luz y sonido mas impactantes de toda la historia humana.

Luces, cámara y acción…. No. ¡Ángeles, resplandor y un tremendo musical; Destellos de la gloria del Salvador! Aunque Su nacimiento pasó desapercibido para la mayoría en la tierra, no fue así en los cielos. Allí hubo una fiesta tal que la celebración se derramó y llegó hasta los campos de Belén. Ciertamente Dios ensalza al que se humilla.

Lucas nos deja saber la reacción inmediata de los pastores: Tuvieron gran temor (v.9) Es lógico. Para ellos esto fue como atravesar “una zona dimensional” y contemplar visiones que escasos ojos hayan presenciado jamás. ¡Oh, cuan glorioso! Este espectáculo, junto a las huestes y mensajero celestial dieron evidencia contundente de las credenciales del recién nacido niño.

Pero ante el temor de los pastores, el mensajero aclara que el anuncio divino no es un mensaje de juicio, sino el anuncio de UN REGALO; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor (v.10-11).

Piensa un momento y trasladémonos a aquel lugar. Había un clima de excitación, gozo y reverencia. Lucas nos dice que los pastores fueron “apresuradamente” (v.16) tras la señal, en busca del lugar del nacimiento.

El versículo 20 nos cuenta el resultado de ese encuentro: “Volvieron los pastores a su rebaño”, pero su retorno estuvo marcado por adoración y alabanza a Dios, por todas las cosas que habían oído y visto: ¡La manifestación de la gloria de Dios en Cristo Jesús!

  • Amadas, la humillación y nacimiento de Jesús no fue cualquier evento, como no es cualquier evento cuando por amor y obediencia a Dios nos humillamos, y sufrimos toda clase de mal en manos de los pecadores. Somos bienaventuradas (Mt 5:11-12) y El nos exaltará cuando fuere tiempo (1Pedro 5:6). ¡Persevera!
  • Aunque el mundo nos desprecie, El señor nos reconoce (1 Pedro 2:19). ¡No desmayes!
  • Cuando vivimos en temor reverente,  atravesamos la zona dimensional de lo natural y la promesa es: Antes bien, como está escrito: Cosas que ojo no vio, ni oído oyó, Ni han subido en corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman. (1 Cor 2:9) ¡Sigue adelante!
  • Cristo es nuestro REGALO más preciado. ¡Regocíjate, Alábale y cuenta cuan grandes cosas te ha hecho el Salvador!

Oración: Bendito Señor, que teatro mas moderno y majestuoso allá en Belén. Gracias porque Tu nacimiento no ha pasado desapercibido para mí y en Tu humillación me has enriquecido. Que puedan mis labios publicar Tus maravillas. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza Sugerida: Santa la Noche, RRodríguez – http://www.youtube.com/watch?v=ifQ_jR_BQBQ