Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: Quitadle esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala. (Zacarías 3:4)

Mientras estuvimos en el mundo, tuvimos una vida similar a una ropa sucia, manchada, hedionda. En Colosenses el apóstol Pablo nos da una lista de algunas de aquellas cosas con las que nos vestíamos: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos, avaricia, ira, enojo, malicia, blasfemia, palabras deshonestas, mentiras (3:5-9). Sume a esa lista aquellas que sabes que te vestían.

¡Qué aspecto tan despreciable teníamos ante los ojos del Santo Dios! Cuando estamos lavando la ropa sucia y nos encontramos con una pieza que tiene tanta suciedad, que ni el detergente ni el cloro se la quita; nuestra decisión es tirarla a la basura, pues de nada nos sirve ya. ¡No vale la pena!

Nuestro amado Salvador nos miró, observó nuestras vestiduras viles, sucias de pecados imborrables que ningún esfuerzo que pudiéramos hacer los quitaba; y aún así, en lugar de desecharnos como basura, nos AMÓ tanto que se entregó por nosotras. Nos compró con Su sangre ropas de gala, limpias, resplandecientes, que brillan ante la santidad del Padre (Ap. 3:5).

Nunca dejes que el diablo te torture resaltando aquellos pecados con los que aún luchas, ya Cristo te ha dado nuevas vestiduras, eres nueva criatura. Nunca más serás despreciada. Ahora eres santa y amada, irás siendo transformada “de gloria en gloria” (2 Cor.3:18) hasta alcanzar “la medida de la estatura de la plenitud de Cristo”. (Efe 4:13)

¡Exhibe tu nueva vestidura andando como hija del Rey de reyes!

Oración: Nunca más, Padre bueno, me permitas andar como si estuviera sucia. Gracias por esa sangre que me limpia de todo pecado. Ayúdame a vivir resplandeciendo para agradarte. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza Sugerida: Revisteme, AdelBosque – http://www.youtube.com/watch?v=X30OkCKLO8o&feature=related