El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas? (Romanos 8:32)

Una vez escuché la anécdota de una joven presumida la cual alardeaba de la posición privilegiada que tenía, y de todas las cosas que podía adquirir gracias a una exitosa empresa petrolera. Al preguntársele qué posición ocupaba allí su respuesta fue muy sencilla: “soy la hija del dueño y mi padre me da todo lo que necesito y mas”.

Excelente respuesta pensé. ¿Qué mejor que ser la hija del dueño y disfrutar de todos los privilegios solo por esa posición? Meditando en ello comencé a compararme con aquella joven. Yo también soy la hija del dueño; soy la hija del dueño y creador de la tierra y de los cielos, y heredera de la vida eterna en Cristo Jesús.

Que hermoso es saber que el mismo Dios que no escatimó ni a su propio Hijo, es el mismo que sin merecerlo me ha adoptado como Su hija, que me ha dado en él todas las cosas, y que por gracia me ha regalado la salvación sin haber hecho nada para merecerla, simplemente porque soy Su hija.  El nos ha hecho partícipes de todas las cosas y día a día no escatima en demostrarnos que nos ama, nos protege, y nos bendice con toda bendición espiritual.

Ser la hija del Dueño del Universo nos debe motivar cada día a darle gracias a Dios, a depender de Su suficiencia y provisión, pero sobre todo, a esparcir la Palabra de justicia para que la familia celestial crezca y crezca hasta que Jesús regrese.

Dedica este día a reflexionar en todas las bendiciones que has recibido por ser la hija y princesa del Rey de reyes y Señor de señores, y verás que no te alcanzará el tiempo para contar cuán grandes cosas él ha dispuesto solo para ti.

Oracion: Gracias, Señor, por la posición privilegiada que me regalaste por medio del sacrificio de Cristo. Ayúdame a valorarla y agradecerla con mi vida cada día. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza Sugerida: La Niña De Tus Ojos, DCalvetti – http://www.youtube.com/watch?v=-2xviVmzosw

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