“UN DIA aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito,  y vino un mensajero a Job y le dijo: –Estaban arando los bueyes y las asnas pacían cerca de ellos;  de pronto nos asaltaron los sabeos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada. Solamente escapé yo para darte la noticia”  (Job 1:13-15).

Job era un siervo humilde de Dios, grandemente bendecido por él. Estaba lleno de salud y fortaleza, tenía una familia bella y numerosa, buenos amigos, era un hombre próspero y respetado en su ciudad y tenía corazón tan noble e inclinado a Dios que no merecía ni siquiera la insinuación del agravio; pero nada de esto impresionó a Satanás.

Así que UN DIA…. Satanás inicia en Job su malicioso y perverso plan. Pide permiso a Dios para quitarle el confort, protección, familia, salud y todo cuanto tenِía. En un solo día, Satanás no solo golpeó la vida de alguien que no lo merecía, sino que sus dolorosas pérdidas fueron aún más intensas porque se elaboraron sin la más mínima advertencia y cuando menos él lo esperaba.

Muchas de nosotras también hemos tenido “nuestro día”. EL DIA en que las cosas dejaron de ser fascinantes y se convirtieron en aterradoras, EL DIA en que dejamos de ser saludables y fuertes para ver nuestros cuerpos desgastarse entre la vida y la muerte, EL DIA que dejamos de ser prósperas y nuestras finanzas cayeron a lo más profundo, EL DIA que pasamos de la alegría al dolor más profundo y devastador… simplemente tuvimos UN DIA y lo peor aún es que nos arropa la incertidumbre por no saber porqué estamos sufriendo semejante mal.

¿Cómo pudo soportar Job tanto dolor? Job se levantó, rasgó su manto en señal de dolor extremo, raspó su cabeza en señal de pérdida de respeto personal y se postró ante Dios en total humillación. El no entendía, pero confió.

Dios es impredecible, hay adversidades que soportamos que no merecemos pero que son permitidas por El. Hay senderos pedregosos necesarios para nuestro crecimiento espiritual. Nada de lo que ocurrió en Job era bueno, pero obró para su bienestar.

¿Sientes que Dios no se conduele ni extiende su mano sobre tِí? Antes de reducir la grandeza, amor y poderío de nuestro Dios, agiganta tu FE. Te aseguro que en el cielo, al igual que ocurrió con el justo Job, se ha orquestado un plan que aunque no entiendas, obrará para tu bien. Solo humíllate ante Dios, confía y espera en él.

Oración: Gracias Padre porque Tú prometes no dejar para siempre caído al justo. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza Sugerida: Solo Cristo, Hillsong – http://www.youtube.com/watch?v=aGLj2wW8qAU