“Y dijo: “Desnudo salí del vientre de mi madre y desnudo volveré allá. Jehová dio y Jehová quitó: ¡Bendito sea el nombre de Jehová!”  (Job 1:21)

Todas las cosas, absolutamente todas, pertenecen a Dios. Cuando abrimos nuestros ojos en este mundo llegamos desnudos y de la misma manera  partiremos. No nos llevaremos nada, porque nada trajimos.

Aquél que nos dio la vida nos ha dado TODO EN CALIDAD DE PRESTAMO y como Dueño, tiene potestad de quitarme lo que quiera en el momento que El determine, así que bendecido sea Dios cuando disponga despojarme de tales cosas, porque por amor me las había antes prestado para mi entero disfrute.

El Patriarca Job, tenía eso muy claro y por lo tanto reconoció que el mismo Jehová que le había  provisto de tantas bendiciones, podía también quitárselas, porque ¿Acaso Dios no puede disponer lo que desea con lo que es suyo?

No es nocivo poseer  una hermosa y cómoda vivienda, una villa en la playa, un carro bonito, o una empresa próspera… el problema radica cuando esas cosas materiales le quitan a Dios el primer lugar en nuestras vidas, se adueñan de nosotras  y roban nuestro corazón.

TODO es pasajero, nada permanece; cuando partamos de este mundo nos iremos vacías, sin riquezas, sin deleites, sin propiedades. Nos vamos sin nada, totalmente desnudas, tal como  estábamos cuando nacimos.

Es utópico decir que nuestro corazón está puesto en las cosas del cielo cuando nuestro verdadero placer, interés y tesoro está puesto en las cosas de la tierra. No apreciaremos los senderos celestiales si nuestros ojos están fijos en los caminos terrenales. Recuerda que “donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.”

Oración: Gracias Padre por todas las bendiciones que Tú nos regalas cada día, gracias también por aquellas que te ha placido quitarnos. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza Sugerida: Gracias, Peregrinos y Extranjeros – http://www.youtube.com/watch?v=BS0R0l3fjCY

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