[Agar] dijo: «Tú eres el Dios que me ve». (Génesis 16:13)

Cada vez que he tenido la oportunidad de reflexionar sobre la vida de esta mujer de la Biblia llamada Agar, Dios, en Su inmensa misericordia, me muestra nuevas enseñanzas para aplicar a mi propia vida.

Al meditar en la historia de Agar debemos tener cuidado de no enfocarnos solamente en el mal que se le causó al ser utilizada por alguien que no quiso esperar el tiempo de Dios; y, quien luego la maltrató empujándola a huir al desierto, sino que también tenemos que considerar el papel que jugó su propio pecado en esas circunstancias. De lo contrario, terminaríamos victimizándola y, por ende, victimizándonos a nosotras mismas cuando nos encontremos en escenarios similares, actitud que ni glorifica a Dios ni nos ayuda a crecer a la imagen de Su Hijo.

Al igual que ocurre en nuestras propias vidas, aquello que Agar en un momento consideró que podría ser una bendición terminó convirtiéndose en un gran dolor de cabeza debido a que ella se “enorgulleció” pensando que su valor se encontraba allí, por lo que empezó a compararse con Sara sintiéndose superior a ella y menospreciándola.

Quizás como Agar, hoy estemos huyendo de una situación difícil donde hemos sido tratadas injustamente, pero en la cual también tenemos nuestra cuota de responsabilidad y nos encontramos al borde del abismo, sin esperanza, sedientas, agotadas, con sueños truncados, sin saber qué camino seguir, donde nadie nos ve, todos son indiferentes a nuestra necesidad, nos sentimos abandonadas… invisibles al resto de la humanidad…pero no para El-Roi; “El Dios que me ve” como le llamó Agar.

Es entonces cuando necesitamos recordar que Dios no encontró a Agar en el “lugar seguro” (la casa de Abraham) sino justamente en el desierto; por lo tanto, no debemos temerle a los desiertos de nuestra vida, porque los mismos son orquestados por un Dios que nos ama y que conoce lo que es mejor para nosotras.

A pesar del pecado de Agar, y a pesar (o precisamente por) el pecado nuestro, Dios nos busca para que reconozcamos nuestra verdadera condición. Así lo hizo cuando Agar le respondió que ella huía de Sarah (victimizándose sin asumir la responsabilidad de su pecado) pero El-Roi le ordenó “vuelve…y sométete”, exponiendo así su pecado de orgullo y rebeldía.

Cuando enfrentamos circunstancias adversas porque todos nos han dado la espalda, siempre podemos contar con El Roi; el Dios que nos ve. El no sólo encontró a Agar en el desierto, sino que le trajo promesas de “planes de bienestar y no de mal, para darle un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11), cuando en los versículos del 10 al 12 le habla sobre el hijo fruto de su vientre.

Oración: Padre Celestial líbrame de las tentaciones del desierto, como la victimización, las dudas, cuestionarte, renegar de Tí; creer que el desierto es el fin cuando puede ser justamente el punto de un nuevo comienzo Contigo. Que no me importe ser invisible al mundo cuando tengo la certeza de que Tú me ves y tienes cuidado de mí. En Cristo Jesús. Amén.

Alabanza Sugerida: Cada Día, Pecos – http://www.youtube.com/watch?v=gmsKIFAc1eY