Aconteció después, que Jesús iba por todas las ciudades y aldeas, predicando y anunciando el evangelio del reino de Dios. Lo acompañaban los doce y algunas mujeres que habían sido sanadas de espíritus malos y de enfermedades: María, que se llamaba Magdalena, de la que habían salido siete demonios, Juana, mujer de Chuza, intendente de Herodes, Susanay otras muchas que ayudaban con sus bienes. (Lucas 8:1-3)

El evangelio de Lucas relata la historia de Juana y Susana, quienes luego de ser sanadas por Jesús, decidieron seguirle apoyándolo con sus bienes. Por amor y convicción, ambas determinaron mantener con sus ofrendas el ministerio de Jesús y sus apóstoles.

Me las imagino a ellas en el mercado comprando alimentos y luego preparándoselos a su amado Jesús. Quizás también costeando el alquiler de las barcas para el traslado del Maestro o tal vez aportando para el pago del mesón donde Jesús y sus discípulos pasarían la noche… en fin, cuidando de todo lo relacionado a los gastos del ministerio de Jesús aquí en la tierra.

Amadas, recordemos que TODO cuanto poseemos, sea poco o mucho, se lo debemos al Señor; pues somos simples administradoras de los bienes que Dios nos da. El por su soberana voluntad nos lo ha regalado. Seamos pues, como estas mujeres, que agradecidas de Jesús no solo abrieron sus corazones sino sus bolsillos.

¿De qué manera y en qué proporción debo servir a Dios con mis bienes? Según haya Prosperado (1 Cor. 16:2); De acuerdo al deseo de mi corazón (2 Cor 9:7); No con tristeza, ni por necesidad,  porque Dios ama al dador alegre. (2ª Cor 9:7) y, Generosamente; proporcional a como Dios me está bendiciendo  (2ª Cor 9:6).

Al Señor se le sirve con todo nuestro ser y esto incluye también nuestros bienes. Decidamos como Juana y Susana, servir a Dios con un corazón desprendido. Estas mujeres fueron bendecidas no solo por su fidelidad y entrega a Dios, sino por su generosidad. Así lo enseña la Biblia: “Honra a Jehová con tus bienes, y con las primicias de todos tus frutos; y serán llenos tus graneros con abundancia, y tus lagares rebosarán de mosto” (Prov 3:9‐10).

Oración: Señor, pon en mí un corazón generoso que anhele servirte y ayudar fiel y desinteresadamente con el sostenimiento de Tu obra. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza Sugerida: Me Entrego a Tí, ABosque – http://www.youtube.com/watch?v=1W1uRUxZIRQ