¡Si estás leyendo esto hoy es porque Dios ha permitido que estés viva hasta este momento! Puede que esta idea no tenga tanto sentido para tí porque te encuentras en una situación estable en la cual no necesitas contar ni hacer valer cada segundo y día de tu vida.

Imagínate ahora que por estar siendo perseguida o hasta por motivos de guerra en tu región estés obligada a esconderte constantemente para preservar tu vida, pues no sabes si sobrevivirás  hasta el día siguiente. Vas a la cama con el temor de no despertar jamás.  En esta situación se encontraba David cuando escribió este Salmo: ¡Su propio hijo buscándole para darle muerte!

¿Recuerdas cuando en la entrega anterior del Salmo 3, destacábamos como David reconocía que El Señor levantaba su cabeza, y decidía no quedarse en un modo de queja todo el tiempo? Pues no solo esto hace David, sino que también, en estos versos, entiende que dentro de toda situación Dios no solo le provee de lo necesario, sino que ¡LE SOSTIENE!

Yo me acuesto, me duermo y vuelvo a despertar, porque el Señor me sostiene. No me asustan los numerosos escuadrones  que me acosan por doquier  (Salmo 3:5). Y es que el sustento va más allá de una simple provisión. No es algo ocasional ni eventual; Es ¡CONSTANTE! Dios no solo es nuestro Proveedor, sino también nuestro Sustentador.

Amada, no des cabida a esos pensamientos que te acosan quitándote el sueño pensando que nunca volverás a ver la luz de un nuevo día. Haz valer cada minuto y segundo de tu existencia dando gloria a quién te ha creado y quien ha prometido estar contigo hasta el fin de los tiempos.  El es quien te sustenta ¡PERMANENTEMENTE! de la misma forma que lo hizo con su pueblo y sus hijos en la antigüedad.  El te llevará de victoria en victoria aun mas allá de lo que puedas imaginarte.

El final de este Salmo declara de forma categórica que: “La Salvación es de Jehová” y termina deseando que Dios derrame su bendición sobre su pueblo. Luego de esto viene el Selah como queriéndonos llevar a esta reflexión final y queriendo que quede impregnada en nuestra mente y corazón.

¡Gloria al Señor por su Palabra y obrar en nuestras vidas! Apodérate de estas verdades eternas en el día de hoy mi hermana. Nuestra es la victoria en el que reina por los siglos de los siglos. ¡Amén!

Selah