El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo. José su marido, como era justo, y no quería infamarla, quiso dejarla secretamente. Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es. (Mateo 1:18-20)

Lucir  un vestido de matrimonio blanco era un símbolo real de pureza que se respetaba.

Antíguamente y hasta hace unas pocas décadas, la mayor satisfacción y orgullo de un hombre era saber que la mujer que había escogido para casarse era virgen. Esto era básicamente un requisito. De igual modo el mayor temor de una joven era llegar al matrimonio y ser sorprendida sin su virginidad. Esto equivalía a una deshonra, escándalo y un divorcio seguro.

Mayor aún, las jóvenes se cuidaban de dejarse tocar mucho de sus amigos y de tener más de uno o dos novios para no ser considerada una chica “fácil” y levantar dudas que le costaría el matrimonio para quedarse “a vestir santos”; esto es, sin casarse.

La virginidad era símbolo de pureza y honra, así ningún joven quería una joven “repasada” pues le deshonraba como hombre. Y si quedaba embarazada, la vergüenza pesaba igual sobre los dos, pues el acto sexual se consideraba impuro fuera del matrimonio. Bíblicamente sigue siendo así. Cuando José; prometido de María se enteró que ella estaba encinta, quiso dejarla. Mateo 1:19 nos dice que: “no quiso infamarla”; esto es, desacreditarla diciendo que estaba embarazada de otro hombre, puesto que él no la había tocado. Pero el v.20 nos dice de modo parafraseado, que el ángel le dijo a José: “No temas recibir a María tu mujer, porque ella es pura…”. Esto resolvió TODO el problema; saber que María era “pura”.  Notemos que José no fue obligado a recibir a María, él la aceptó voluntariamente porque de fuente segura le dijeron que ella era “pura”.

Amadas, la pureza y el honor aun son virtudes valiosas. Y básicamente el único lugar que aun podremos encontrar algo de ello es dentro del pueblo cristiano. Devolvámosle la pureza a nuestras jóvenes, al matrimonio y la iglesia de Cristo. Retomemos su enseñanza e insistamos sobre ello pues Cristo  viene a buscar una iglesia pura; una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha (Efesios 5:27).

Oración: Padre, santifícame con Tu palabra y límpiame de todas mis impurezas. Que pueda mantenerme pura como soltera, casada, divorciada o viuda. Que la pureza permee todas las áreas de mi vida y mi quehacer para la honra de Tu gloria. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza Sugerida: Purifícame, MWitt – http://www.youtube.com/watch?v=yQCTuRQCM7E