Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres; sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. (Col 3:23-24)

Marina es una cristiana desde hace ya muchos años que participa en el ministerio de la decoración y organización de ciertas actividades de la iglesia. Es una persona muy estricta y exigente con la forma en que debe quedar preparado cada mínimo detalle de cualquier evento de la iglesia pues entiende que debe dar lo mejor de sí para Dios.

Se acercaba una gran actividad para damas y Marina estaba a cargo de su organización. Ya todos los pormenores estaban listos: las mesas, la decoración, el programa a seguir, la expositora y una parte del refrigerio. La noche antes del evento Marina invita a una amiga/hermana de la iglesia a que le ayudase a preparar y organizar los aperitivos. Debido a que ella era bastante exigente le enseña a la amiga como es que se debe preparar el refrigerio, como colocarlo y decorarlo.

Luego de varias horas de las hermanas estar preparando todo, Marina observó que su amiga estaba realizando el trabajo con dejadez, sin cuidado y sin llevarse de las instrucciones que ella le había indicado por lo que todo estaba quedando desorganizado. En ese momento ella se detuvo y le preguntó: “¿Qué pasaría si Dios viniera físicamente mañana y compartiera con nosotras en la actividad? ¿Le brindarías ese pan que estas preparando?”. Y la amiga miró lo que estaba haciendo y contestó: “¡Por supuesto que NO!” por lo que Marina insistió y dijo “¿Crees tú que el Señor se merece el pan de la manera en que lo estas preparando? O más bien si llega alguien y ve la actitud con la que estás haciéndolo ¿diría que te gozas haciendo las cosas para Cristo?”

La Biblia dice en Proverbios 21:2 “Todo camino del hombre es recto en su propia opinión; Pero Jehová pesa los corazones.” Dios no está viendo la magnitud ni el sabor del pan sino la intención del corazón que se dedica a prepararlo.

Cuando estamos arreglando una cena, almuerzo o ayudando a alguien, en el trabajo o en la calle, ¿Cuál es nuestra verdadera intención? ¿Porque quiero que los demás vean que hago buenas acciones o porque de corazón quiero realizarlas y deseo reflejar el cambio de Dios en mi vida y su incondicional amor?

Analicemos la razón por la cual damos cada uno de nuestros pasos día tras día, el motivo que nos impulsa y si en cada uno de ellos estamos mostrando lo maravillosa que es mi vida si sigo a Cristo y le sirvo. Recordemos, “Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres”, por lo que nuestra verdadera intención es la que está dentro de nuestros corazones y nos impulsa a actuar.

Oración: Amado Padre, Creador de todo lo tengo y de lo que soy, ayúdame a darte lo mejor de mí y que mi corazón solo tenga deseos de agradarte y exaltar Tu grandioso Nombre. En el nombre de Tu Hijo Amado Jesucristo, Amén.

Alabanza Sugerida: Yo Me Rindo a Él, JAR – http://www.youtube.com/watch?v=R1ih93tZo24