En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet. (Lucas 1:39-40)

¿Qué hacer cuando todos te rechazan? ¿A dónde ir? ¿A quién acudir en el plano terrenal? María, la madre de Jesús enfrentó una situación similar. La noticia de su embarazo era fuerte puesto que era soltera y para rematar, su embarazo ni siquiera era de su prometido. Religiosa y socialmente esto representaba un problema GRANDE pues equivalía a morir apedreada.

Es muy probable que incurramos en el error de pensar que como esto provenía del Señor, María debía estar feliz y calmada. Mas, ¿Cuántas veces tenemos la certeza de que algo en nuestra vida viene de parte de Dios y aun así sufrimos y nos estresamos, porque sus encomiendas en verdad, son fuertes? A menudo nosotras también dudamos al igual que Sara y nos falla la fe.

Así, ante el inminente rechazo de la sociedad y el temor, María fue donde su prima Elisabet en busca de aceptación, comprensión y refugio. Gloria a Dios porque en medio de una sociedad llena de jueces implacables, existen las Elisabet. ¿Sabes? Todas necesitamos una Elisabet en nuestra vida. Elisabet es aquella que nos acepta, acoge, entiende y ofrece un hombro. Es aquella que nos abre las puertas de su corazón cuando las demás puertas se han cerrado para nosotras. Lc 1:56a nos dice: “Y se quedó María con ella como tres meses;..”.

Elisabet no nos juzga, escucha atentamente y ve las bendiciones más allá del problema (Lc 1:45). Nos ayuda a ahuyentar el temor, a levantar nuestra cabeza y regocijarnos en medio de nuestra situación (Lc 1:46-47). ¡Aleluya! ¡Que reconfortante es encontrar un corazón receptivo y cálido como el de Elisabet!

Aceptación es la capacidad de recibir con un corazón receptivo a quienes son rechazadas por otros. Abraza al herido, levanta al caído, y se pone en nuestro lugar. Es alguien que a pesar de las circunstancias y aún nuestra metida de pata no nos cuestiona, cree en nosotras sin vacilar y no nos abandona en los desiertos de la vida.

¿Y tú, has sido rechazada alguna vez? Si lo has sido, Dios te ayude a encontrar una Elisabet. Si aun no los has sido, sin lugar a dudas el turno te llegará. Por tanto, te sugerimos ser como Elisabet y no  un juez implacable, “Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido” (Mt 7:2).

Oración: Amado Dios, Gracias porque Tú me sostienes con las Elisabet de mi vida. Que pueda yo también, ser Elisabet de otras en sufrimiento. Permite que nos podamos levantar y restaurar unas a otras en la potencia de Tú amor. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza Sugerida: Me Sostendrás http://www.youtube.com/watch?v=POSAB3v6WIo