Cuando Abigaíl vio a David, se bajó rápidamente del asno y se inclinó ante él, postrándose rostro en tierra. Se arrojó a sus pies y dijo: —Señor mío, yo tengo la culpa.  Deje que esta sierva suya le hable; le ruego que me escuche. No haga usted caso de ese grosero de Nabal, pues le hace honor a su *nombre, que significa “necio”. La necedad lo acompaña por todas partes.  Yo, por mi parte, no vi a los mensajeros que usted, mi señor, envió. (1 Samuel 25:23)

Rara vez aceptamos nuestra cuota de responsabilidad ante situaciones comprometedoras.  ¡Cuán difícil se nos hace asumir nuestros propios errores!  Si no, preguntémosle a Adán, cuando culpó a Eva –y de paso al mismo Dios, quien se la dio por esposa – por haber pecado. Claro, Eva tambien, a la defensiva,  transfirio la culpa a la serpiente (Gn 3:12-13),  y como dice aquella ronda: “… yo no fui, fue Tete, pégale, pégale, que ella fue”.

Recordemos tambien que nuestras palabras tienen el poder de agravar o calmar situaciones, de la misma forma en que podemos atizar un fuego echándole combustible, o apaciguarlo echándole agua.  Abigaíl ha elegido pues las palabras correctas.  Haciendo esto, arriesgo hasta su propia vida, pues ciertamente todos tenían temor de la ira de David.

Esta joven mujer no mintió al hablar sobre la necedad de su marido. Tampoco lo desacreditó, sencillamente admitió los hechos tal cual eran. Valientemente asume ella la culpa de todo no dando una excusa “barata”, sino verderamente afirmando que no estaba al tanto de lo sucedido.  

La Palabra bien indica que “Dios bendice a los que procuran la paz, porque serán llamados hijos de Dios (Mateo 5:9).  En estos tiempos de tanta turbulencia, mantengamos como Maestras del Bien la integridad a nuestros valores cristianos, bendiciendo las vidas de los demás.  Traigamos palabras de paz a las almas atribuladas que El Señor haya puesto en nuestro camino.   

Oración: Gracias Padre por Tu verdad revelada a nuestras vidas. Recordamos un fragmento de aquella vieja oración por Francisco de Asís: “Señor, haz de mi un instrumento de Tu paz, que allá donde hay odio, yo ponga el amor. Que allá donde hay ofensa, yo ponga el perdón. Que allá donde hay discordia, yo ponga la unión.” En el nombre de Jesús, Amen.

Alabanza Sugerida: Paz en la Tormenta – http://www.youtube.com/watch?v=qi4soAgdAOQ