Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al rio, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido. (Hechos 16:13)

Es poco característico de los hombres asistir a las reuniones de damas, pero esta ocasión era diferente. El primer paso de Pablo luego de recobrar la vista y fuerzas (Hch 9:17, 19), fue predicar a Cristo en las sinagogas (Hch 9:20). Así que al llegar a Filipos; ciudad gentil y carente de la misma, fue al lugar donde le habían informado que acostumbraban a reunirse algunas mujeres para orar (Hch 16:13).

En este grupo de mujeres judías se encontraba una gentil de nombre Lidia; empresaria con buen desenvolvimiento y de cierta solvencia económica. Seguramente por sus influencias, contactos y amplio conocimiento de la zona a causa de su negocio, era una candidata perfecta por medio de la cual Dios podía glorificarse en el mundo gentil.

Dios propicio todas las circunstancias para que el evangelio llegara a esta mujer, la cual a través de la predicación de Pablo y disposición del Espíritu Santo, con un corazón completamente receptivo abrazo la fe de Jesucristo (Hch 16:14-15). La participación de Pablo y los misioneros con él, cambiaron para siempre la vida de Lidia y el rumbo de estas reuniones de oración. ¡Qué importante es reconocer la autoridad de los hombres en nuestras reuniones y cuán importante es su presencia en medio nuestro!

Dado el resultado de la vida de Lidia por las enseñanzas de Pablo en sus repetidas visitas a las reuniones (Hch 16:16) nos damos cuenta que Lidia creció veloz y provechosamente en el evangelio, cosa que lastimosamente no ocurrió durante el tiempo que se reunió con sus amigas judías. Amigas bien intencionadas pero sin el conocimiento de la verdad. ¡Qué bueno que Pablo se suscribió a la encomienda de predicar el evangelio y nunca perdió su enfoque!

La presencia de Pablo fue provechosa tanto en la reunión de oración de las mujeres, como en la casa de Lidia y la vida del carcelero de Filipos y su familia. ¡Si tan solo diéramos a los hombres su lugar y les animáramos más, entregándoles las riendas que a ellos corresponde como cabeza de la mujer, el hogar y la iglesia! Estaríamos mas en armonía con la voluntad y los propósito de Dios. Lidia le confirió a Pablo no solo un lugar de alojamiento, sino las riendas de la obra que se empezaba y realizaba en su casa.

Oración: Señor y Dios, ayúdanos a reconocer la necesidad de los hombres en nuestra vida. Que podamos cederles el lugar y la autoridad que les corresponde. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza Sugerida: Hombres de Valor – http://www.youtube.com/watch?v=BSXzmLq4F_I