Entonces una mujer llamada Lidia, vendedora de purpura, de la ciudad de Tiatira,.. (Hechos 16:14)

Desconocemos el estado civil certero de Lidia. Haciendo nuestro mejor intento podemos asumir que era soltera o viuda, pero lo que sí sabemos es que era una mujer realmente esforzada y luchadora.

El pasaje de Hechos 16 nos deja saber que esta mujer era una vendedora de Tiatira en Filipos, lo que implica que hacia viajes de negocios entre una y otra ciudad, tanto que tenía una casa en Filipos. Esto requería que pasara tiempo tanto en una ciudad como la otra por periodos de tiempo alejada de su familia. No obstante su testimonio, cuidado y contribución fue de tal calidad que los ganó “a todos” para Cristo.

En nuestro mundo moderno donde la mujer se ha lanzado fuera de la casa a trabajar en cumplimiento de las demandas de su hogar, ya sea por necesidad, viudez, divorcio, soltería o la razón que fuere, con las facilidades que tenemos a nuestra disposición y los adelantos de la ciencia y tecnología, no tenemos excusa a pesar del trabajo, para no dedicarles tiempo de calidad y amor a la familia. De Lidia aprendemos que sí es compatible el trabajo con el hogar.

No conocemos los malabares que esta mujer hacia para repartirse entre sus labores y la familia, pero lo que sí sabemos es que esta mujer como la virtuosa de Proverbios 31, nunca descuidó su familia. La conversión de su familia seguida de la de ella lo evidencia.

Amadas, cuan necesario es tener nuestras prioridades en orden. El orden establecido por Dios pone en primer lugar a nuestra familia. No nos escudemos pues detrás del quehacer para descuidarlos y luego lamentar los resultados. Recordemos que el trabajo es un medio y no un fin.

Oración: Padre Amado, en medio de las luchas por la sobrevivencia y demás cosas que nos trae la vida, ayúdame a no perder el objetivo de mi lucha: mi familia. Que pueda darles siempre el primer lugar. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza Sugerida: Sendas Dios Hará, DMoen –  http://www.youtube.com/watch?v=ZwugdpdKa9I