Y cuando fue bautizada, y su familia, nos rogó diciendo: Si habéis juzgado que yo sea fiel al Señor, entrad en mi casa, y posad. Y nos obligó a quedarnos. (Hechos 16:15)

Desde el momento de su conversión, la vida de Lidia dio un giro radical. Su agradecimiento fue tal que bajo ninguna circunstancia dejó que estos siervos pasaran penurias e incomodidades por ahí, y resolvió llevárselos a su casa, bajo los cuidados y atenciones de su techo. Era lo menos que podía hacer por los portavoces de su salvación.

La fe de Lidia inmediatamente dio frutos entre los cuales estaba la valentía, pues pronto el Señor le mostró el costo del discipulado; el costo de seguirle.

Aconteció un día, que mientras iban a la oración, le salió al encuentro una muchacha que tenia espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos adivinando. Esta siguiendo a Pablo y sus compañeros daba voces, y este cansado de su impertinencia reprendió al demonio que la controlaba, el cual la dejó definitivamente en aquella misma hora. Viendo los amos de la mujer que la fuente de su ganancia se había arruinado, por medio de acusaciones e incitaciones lograron que éstos fuesen azotados y encarcelados (Hechos 16:16-23, Parafraseado).

No obstante después del milagro que libertó a Pablo y Silas de la cárcel, éstos regresaron a la casa de Lidia (Hechos 16:40). Si bien es cierto que Lidia pudo recibir a estos varones dada su solvencia económica, no es menos cierto que también era una mujer valiente, arriesgando su seguridad y la de su familia por amor a ellos. Recibir a estos “presos” podía costarle una mala reputación en su comunidad, pérdida de negocio, la mala voluntad del pueblo y las autoridades, y hasta cárcel. Pero ella tuvo todo eso en poco por amor a estos siervos.

Amadas, seguir y servir a Dios tiene un precio. La desaprobación del pueblo le ganó a Lidia la aprobación de Dios, pues se identificó con sus hermanos y no temió por su vida. Bien dice Marcos 8:35 “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mi y del evangelio, la salvará”. ¡Ese es el verdadero evangelio!

Gloria a Dios por creyentes de la talla de Lidia; que no se amedrentan ante las adversidades por el evangelio. Que podamos nosotras ser una de ellas.

Oración: Amado Dios, hoy más que nunca necesitamos ser valientes, para proclamar Tu verdad y que Tu evangelio brille en medio de la oscuridad de pensamientos, corrientes y filosofías. Aunque cada día hay más leyes que nos quieren cerrar la puerta, permítenos trabajar, y apoyar a quienes con valentía lo dan todo por Tí. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza Sugerida: No Basta, JCAlvarado – http://www.youtube.com/watch?v=c3z5O4QbfmM