Alarga y extiende sus manos… (Proverbios 31:20)

Tenemos la tendencia de encoger nuestras manos en el afán por retener, por el temor o la desesperanza.

Las encogemos por falta de seguridad y fe creyendo: que así tenemos mayor control de lo que poseemos, que podremos retener las cosas o personas, que nuestros recursos nos durarán y rendirán más, que nos protegemos, que nadie vela y cuida de nosotras, y sobre todo… encogemos nuestras manos erróneamente cuando nos abaten los problemas y nuestras rodillas se paralizan. Sin embargo la mujer de Proverbios 31 hacía todo lo contrario… las alargaba y extendía.

Las tribulaciones, incertidumbres y precariedades tienden a desenfocar nuestra visión, quitando nuestros ojos del cielo y olvidando que de allí precisamente viene nuestro socorro y provisión. Así en la hora más oscura Jesús extendió sus manos al cielo entregando su vida, y el Padre proveyó salvación a las almas sin Cristo, sin Dios y sin esperanza.

Confía en Dios y levanta tus manos aunque no tengas fuerzas y tengas mil problemas. Pronto aprenderás que en la matemática divina menos es más y debilidad es poder. La Palabra de Dios nos asegura que si con amor y desinterés extiendes tus manos entrará mucho más de lo que de ellas salen.

Amada, no cierres tu corazón ni encojas tus manos. Alárgalas, da con liberalidad, entrégale tu carga a Dios y permite que él sane y restaure, y multiplique tu sementera. Extiéndelas hoy y recibirás las más ricas bendiciones de Dios.

Oración: Padre, porque Tú conoces mi situación levanto mis manos. Ayúdame a mantenerlas extendidas y cuando desfallecen, que pueda tener la confianza de recibir la ministración que Tú me provees a través de mis hermanas. En el nombre de Jesús. Amén.

Alabanza Sugerida: Levanto Mis Manos, SHernández –http://www.youtube.com/watch?v=mYjabRm96yc