Santiago, República Dominicana

Nacida en una pequeña comunidad de Santiago, Rep. Dom., la hermana Kenida vino a vivir a la capital de Santo Domingo desde muy joven. Tuvo una niñez difícil al tener que separarse de sus demás hermanos siendo aun pequeña, los cuales fueron distribuidos a casas de diferentes familias luego de la muerte de su madre y el abandono de su padre. Kenida fue criada por su hermana mayor Ligia (ya fallecida) con la ayuda de otros familiares cercanos.

La hermana Kenida vino a los caminos del Señor desde su juventud. Perdió a su esposo Osiris cuanto todavía era joven quedando sola al frente del sustento de la familia. A pesar de no haber terminado sus estudios de escuela superior,  el Señor la dotó con grandes cualidades manuales. Se volvió diestra en el manejo de pequeños negocios y siempre se pudo desempeñar como costurera, oficio que ejerció por muchos años logrando así que sus hijos menores pudieran terminar sus estudios profesionales.

Activa siempre en la congregación, la hermana Kenida por muchos años fue maestra de escuelas de damas barriales, maestra de escuela dominical y escuelas barriales de niños. Vivo ejemplo de la Mujer Virtuosa de Proverbios 31, esta sierva incansable en la obra del Señor y evangelista por excelencia, tuvo 3 hijas y un hijo, los cuales instruyó en los caminos de Dios desde muy pequeños, cosechando hoy los frutos de tenerlos hoy perseverando en los mismos.

Consejera de muchos aun hoy en día, bastión de la fe y mujer de gran ejemplo a imitar, a pesar de sus muchas vicisitudes y quebrantos de salud,  la hermana Kenida bendice hoy la vida de todo aquel con quien tiene contacto, transmitiendoles su fe, amor y fidelidad al Señor por medio de compartirles la Palabra y cantar himnos.

Es tambien madre espiritual de muchos, pues las puertas de su casa siempre han estado abiertas a todo niño, joven, adulto, extranjero, necesitado, converso, inconverso, familiares, no familiares, los cuales salen ministrados luego de visitarla, por su contagiosa fe.  En su hogar siempre hay un vaso de agua, un plato de comida o un simple pedazo de pan que comparte con amor a todo el que lo necesita, acompañados de un manjar espiritual que siempre se ocupa en ofrecer a toda vida que toca.

Damos gracias al Senor por su vida y muchas otras que como ella son el vivo ejemplo de una verdadera Maestra del Bien.

Escrito para Maestras del Bien (c) por Larissa VanHorn– Sosa, Julio 2013