“Nadie puede venir a Mí si no lo trae el Padre que Me envió…” (Juan 6:44)

Hoy es uno de esos días en los que hay una canción en mi cabeza, la cual, de manera juguetona e inesperada llega y se convierte en la meditación del día y en el motor que me ayuda a través del mismo. Para mi gran alegría y sorpresa, ésta canción de hoy es un “corito” muy antíguo y conocido en las iglesias evangélicas de mi país; uno de esos coritos que ya no se cantan, uno de esos que esta generación no conoce, pero que sin embargo al cantarlo llenan de alegría y gratitud el corazón. Aquí están sus letras:

Si no hubiera sido por el Señor,

Si no hubiera sido por el Señor,

Mi alma se hubiera perdido

Si no hubiera sido por el Señor.

Estas letras son sencillas y breves y a la vez ¡tan reales y conmovedoras!

Aquí vemos dos elementos muy importantes, la condición del alma del hombre y la salvación otorgada por el Dios Soberano.

Desde la Caída del hombre narrada en Génesis 3 aprendemos que la humanidad entera está bajo condenación a causa del pecado. El pecado nos esclaviza, nos ciega, nos separa de Dios y  hay un  juicio que pende sobre nuestras cabezas: la muerte (Gn 2:16-17; Ro 6:23).Sin embargo, leemos también que el corazón del hombre está inclinado al mal, que no hay quien busque a Dios (Sal 14:1-3; Is 53: 6) y que el hombre vive para agradarse a sí mismo y no a Aquél que le creó para sus propósitos santos; pero también vemos en las mismas Escrituras que el hombre no puede acercarse a Dios a menos que el Padre celestial le atraiga a sí mismo.

Jesús dijo: “Nadie puede venir a Mí si no lo trae el Padre que Me envió…” (Jn 6:44 -NBLH).Es aquí en donde vemos la salvación otorgada por el Dios Soberano -“Si no hubiera sido por el Señor mi alma se hubiera perdido”- ¿Perdido cómo si ya estaba condenada? ¿Perdido dónde? Se habría perdido a causa del juicio que estaba sobre ella y hubiera sufrido el castigo que le correspondía: una eternidad sin Cristo.

¡Oh pero gloria a Dios porque en su infinito amor, porque por su sola voluntad, decidió llamarme a salvación! ¡Gloria a Dios quien envió a su Hijo a pagar por mis pecados para que yo pudiera ser perdonada y pudiera, por medio de la fe dada por Él, aceptar el sacrificio de Cristo hecho por mi!

Él pagó; Él me redimió; Él me llamó a sí.

Oración: Padre, que mi corazón se halle no sólo agradeciendo este favor inmerecido, sino orando para que Tu muestres Tu misericordia a favor de los perdidos, así como la has tenido conmigo y para que puedas usarme como instrumento para alcanzar a muchos de esos.

Alabanza Sugerida: Popurrí – Peña de Horeb, Si No Hubiera Sido, RRodríguez – http://www.youtube.com/watch?v=zxlKsnnR6SU