Santo Domingo, Republica Dominicana

Doña Celeste se graduó de maestra y economía doméstica “carrera muy popular en sus tiempos”, en la cual tuvo su mayor desarrollo realizando postres y picaderas para el deleite de sus hijos y ayudar al sustento del hogar.

Aunque de familia muy católica, en su juventud fue invitada por Baudilio Custals al primer Templo Bíblico fundado en Santo Domingo, y quien se convertiría años más tarde en su esposo y padre de sus 3 hijos.

Después que su amigo Baudilio le regaló una Biblia y asistiendo aun a la iglesia Católica, Celeste se sentaba en el último banco para poder leerla dado que en esa época no le era permitido a los feligreses leer la Escritura sino solo al que propiciaba la misa. Esto inquietó a Doña Celeste quien decía que si el cura era una persona estudiada, porqué ella no podía leerla también, por lo que comenzó a estudiar la Palabra de Dios en su hogar durante el horario de la misa, hasta que en una de sus visitas al Templo Bíblico escuchó al predicador decir que: “Jesús es el que salva”. Esta idea se mantuvo en su mente propiciando que no mucho tiempo después tomara la decisión de aceptar a Jesús en su corazón como su Salvador.

Ya integrada a la iglesia cristiana participó en la primera Escuela Bíblica de Verano realizada en Santo Domingo por los Templos Bíblicos y se mantuvo activa trabajando con el comité de damas. Como parte de su labor con las damas, visitó por muchos años el pabellón de mujeres de la cárcel de la Victoria. En calidad de maestra bíblica pertenecía al grupo de damas que impartía células en los hogares enseñando a otras mujeres, fue profesora de escuela dominical y miembro del coro de la iglesia.

En su hogar, siempre tuvo una escuela dominical donde enseñaba a otras mujeres, así como impartiendo clases de bordado y costura a las jóvenes. Fue una esposa y madre excepcional, muy dedicada y siempre instruyendo a sus hijos en los caminos del Señor. Uno de sus mayores empeños era que cada día se hiciera el devocional en la casa.

Doña Celeste es recordada como Maestra del Bien por su constancia en los caminos del Señor, su piedad, dulzura, enseñanzas, palabras de aliento, y por su dedicación a la oración; su cualidad más destacada, ya que a pesar de los años y los impedimentos físicos que trae la edad nunca cesó de orar y alabar al Señor con su boca, corazón, y sus obras.

Cortesía de: Ruth Custals de Calcaño y Deborah Calcaño Custals