Durante la época navideña me gusta ver las películas alusivas a la misma. En cada película aparecen elementos comunes: Los regalos,  los adornos en las casas y establecimientos comerciales, la unión familiar, la recapacitación sobre los aspectos negativos de los comportamientos de los protagonistas, la esperanza de conocer el amor de su vida. En fin… estos programas contienen mensajes positivos como: de eso se trata la Navidad… de compartir con los demás, etc. etc., como queriendo aminorar la práctica de actividades materialistas. Sin embargo, en la gran mayoría,  – por no decir en todos – hay un gran ausente: JESUS.

Las escenas que reflejan las veladas de los niños en las escuelas, y los “programas especiales” de Navidad, contienen todos los elementos: ¡Una Estrella, Ángeles, Arboles, Animales!.. pero nunca aparece la figura de aquél pequeño niño acostado en un pesebre. Mucho menos, se menciona su nombre: ¡JESUS! Cual festejado ausente en su propia fiesta de cumpleaños, la figura, persona, y nombre de JESUS es omitido en este tipo de programas. Se trata de envolver y embaucar al televidente a pensar que justamente la Navidad, se trata de todo, menos del nacimiento de un niñito llamado JESUS. 

El Diccionario de la Real Academia de la Ciencia define la palabra NAVIDAD, de la siguiente manera: Palabra derivada del latín nativitas, que quiere decir “nacimiento”… como: 1-  Natividad de Nuestro Señor Jesucristo. 2- Día en que se celebra. 3- Tiempo inmediato a ese día…etc. En cualquier idioma, la palabra NAVIDAD, significa justamente “nacimiento” de Jesús y la celebración del mismo.

Entonces, me pregunto ¿cómo es que el mundo ha dejado a Jesús fuera de la Navidad? ¿Cómo con gran astucia ha envuelto el enemigo a este mundo para que poco a poco vaya olvidando el orígen y motivo original de la celebración? Creo tener una explicación a esto. Cuando el Ángel se apareció a José para anunciar el nacimiento del niño, estas fueron sus palabras:Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús,porque él salvará a su pueblo de sus pecados.” Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había dicho por medio del profeta: «La virgen concebirá y dará a luz un hijo, y lo llamarán Emanuel» -que significa «Dios con nosotros»-.

Veamos la lógica en esto: No podemos salvarnos por nosotras mismas y no podemos ser convencidas de nuestra propia pecaminosidad si no son abiertos nuestros ojos a esta realidad. Se necesitó un Salvador para lograr esto. La manera elegida por Dios para proveer ese Salvador  fue mediante su nacimiento virginal, para que luego dicho personaje “se hiciera hombre y habitara entre nosotros” (Jn 1:14).  Para completar su obra salvífica, aquél Verbo hecho carne, moriría en una cruz.  Miremos bien la conexión y yendo en retrospectiva, recordemos que no hay salvación sin cruz, no hay cruz sin Navidad, y… no hay Navidad sin Jesús.

La Navidad no son los regalos, no es la comida, no son las luces, no son los adornos, no es el entregar pensamientos positivos a los demás… ni siquiera se trata de que estemos en paz y perdonemos a los demás… La Navidad es más que eso… ¡LA NAVIDAD ES JESUS!

¡Estemos apercibidas!  No nos dejemos engañar y embobar por el desenfreno que ha impartido la humanidad a una fiesta como esta. Llevemos el verdadero mensaje del niño aquél que vino a nacer para reconciliarnos con Aquél que nos creó desde el principio: Dios.

¿Está Jesús presente en tu corazón, en tu decoración, y en tu navidad? Coméntanos…

Selah…