Es común la participación en carreras y maratones pro-causas nobles. Familiares y amigos de pacientes de ciertas enfermedades corren para recaudar fondos para instituciones que luchan por la cura del padecimiento. También corren los mismos pacientes. Tal es el caso de la mujer que vemos en la foto que acompaña nuestra entrega de hoy… Es mi amiga y hermana Sandy Brian, quien participó recientemente en la carrera organizada por la “Colon Cáncer Alliance”, de los Estados Unidos. La gran sonrisa en su rostro no demuestra que actualmente está luchando contra un cáncer de colon fase 4.  Tal cual ha sido llamada por sus amigos y familiares, esta mujer es una guerrera.

Al inicio de los versos de Hebreos 12, se nos dice que tenemos “a nuestro derredor una gran nube de testigos”.  Hasta hace poco pensaba yo que esto significaba que mientras corremos nuestra vida cristiana,  hay personas que nos están observando. Sin embargo este capítulo es una continuación al anterior en donde se menciona a los Grandes Héroes de la Fe. O sea, tenemos ejemplos de otros que corrieron antes que nosotros en condiciones mucho menos favorables.  Sufrieron persecución, hambre, angustias, arrestos, fueron muertos por la más noble de las causas: Su fe en Aquél que les había creado. Seamos honestas. Al compararnos con muchos de aquellos nombres y ejemplos mencionados en el Gran Salón De la Fama de la Fe, y aún con muchos otros como esta amiga que he puesto de ejemplo, tenemos que admitir que ¡no les llegamos ni a los tobillos!

Nuestra vida es una gran carrera de obstáculos de diferentes formas y tamaños. Nadie nos puede garantizar que llevaremos un trayecto agradable, que correremos en estadios adecuados con terrenos cómodos. Lo único que se nos ha garantizado es que al final, es la corona de la vida, y el estar  eternamente junto a Nuestro Señor, tal como lo expresa el Apóstol Pablo en la Segunda Epístola a Timoteo Capitulo 4 Versículo 8. ¡Él es el Premio Supremo!

Puede que estés corriendo mientras desempeñas el rol de esposa, de madre, de hija, de empleada, de empresaria o una combinación de todos o más roles. Lo importante es, mi hermana, que en  nuestra carrera como creyentes, debemos de estar bien claras de cuál es nuestro motivo final.  Sepamos también que al correr, seremos parte de aquella “gran nube de testigos” que quedará como ejemplo e inspiración a aquellos que vendrán después de nosotras.

Como Maestras del Bien, pues, tengamos una actitud de esperanza no importando cuán difícil sea el trayecto. Que nuestro rostro refleje alegría y paz… que a pesar de los obstáculos aprendamos a sacudirnos el polvo, y seguir corriendo con más fuerza que cuando iniciamos.

Demostremos que bien vale la pena correr para Aquél que representa la más noble de las causas: Nuestro Señor Jesucristo.

¿Para quién corres tú? Coméntanos…

Selah