Para todo corredor es sumamente importante el correr con ropa ligera.  Famosas marcas de ropas deportivas se mantienen a la vanguardia, diseñando vestimenta que no obstaculiza el movimiento del atleta. La misma idea va con el diseño de los calzados. Objetivo principal: que el desempeño del corredor sea óptimo para que le permita alcanzar la meta. De hecho, los corredores en la antigua Grecia e Imperio Romano corrían con escasa, por no decir con ninguna ropa para garantizar su triunfo.

Continuando con nuestro versículo de Hebreos 12, vemos que se nos dice… “quitémonos todo peso que nos impida correr, especialmente el pecado que tan fácilmente nos hace tropezar”.  Otras versiones dicen que nos despojemos “del lastre que nos estorba, en especial del pecado que nos asedia”.  En cualquier versión, se nos indica que nuestro desempeño depende de nosotras mismas. Responsables somos de correr lo más ligeras posible.  No sólo eso… agrega de forma muy clara que a la vez, también, el pecado es otro obstáculo que constantemente tenemos a nuestro alrededor.

Ahora… ¿Qué cosas podemos considerar como un lastre o peso? Entre muchas otras están:

  • Pecados no confesados: “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad”- 1 Jn 1:9
  • Falta de perdón: “De modo que se toleren unos a otros y se perdonen si alguno tiene queja contra otro. Así como el Señor los perdonó, perdonen también ustedes”- Col 3:13
  • Ansiedades y afanes: “No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias” – Filip 4:6.

Tengo que ser honesta en decir que mientras leía y releía más estos versos, mi lista de “lastres” y pesos se hacía cada vez más y más extensa.  ¿Puedes agregar más a esta lista? ¡Yo misma no me había percatado de cuán gran peso vivo cargando a diario sin necesidad! – de corazón he de admitir que tuve que pedir perdón al Señor una y mil veces por esto.

¡Nuestra mente es aquella fuente generadora de este peso! Se encarga de influir en nuestro actuar y en nuestro diario vivir.  El gran artífice Satanás en esto hace muy bien su trabajo. En lugar de la Palabra de Dios colocamos en nuestra mente aquellas cosas mencionadas anteriormente… y ¡muchísimas cosas más! Entonces en lugar de obedecer la Palabra preferimos obedecer nuestros sentimientos y pensamientos.  El peso de la carga se multiplica por mil!  Triste es que nos adaptamos a andar de esa forma y así vamos corriendo, ya anestesiadas sin que el peso nos moleste.

Como si todo esto no fuera suficiente… agregado está el pecado que está arraigado en nuestra propia naturaleza caída. Como las diferentes versiones lo narran, el mismo nos “arropa”, “nos hace tropezar”, “nos asedia”, “nos enreda”, “nos envuelve”, “nos hace caer tan fácilmente”, “nos rodea”, “nos estorba”. En fin, forma parte de nosotras.

En innumerables ocasiones oramos para que “Dios nos quite este comportamiento, o nos quite aquello”, pero recordemos el mandato, cuando bien claro nos indica que todo esto es algo en lo que nosotras debemos de dar el primer paso.  Podemos  pedirle al Señor que nos muestre qué es lo que debemos de quitar, que arroje luz para que podamos ver con claridad. Una vez sepamos, entonces recordemos que  En esto consiste el amor a Dios: en que obedezcamos sus mandamientos. Y éstos no son difíciles de cumplir(1 Jn 5:3)

¡Anímate, decídete y comprométete hoy a correr tu carrera más ligera… para gloria y honra de Dios! ¿Qué te impide hacerlo?

Coméntanos…