En medio de una sociedad altamente individualista que promueve el culto al yo o imagen propia, la familia se ve seriamente amenazada. El énfasis en la apariencia ha causado estragos en cada uno de sus integrantes. La belleza, y figura esbelta y voluptuosa han llevado a muchas mujeres a invertir cantidades de dinero exorbitantes, para lograr ese nuevo “look” o apariencia, y a muchos hombres a caer en la categoría de “metrosexual”.

La industria de la belleza, maliciosa y estratégicamente ha llegado tan bajo como de estilizar desproporcionalmente las muñecas de las niñas con labios pronunciados, maquillaje y prendas impropias. Esto pervierte su inocencia y le inculca a temprana edad mensajes equívocos sobre su identidad, valor y moralidad.  Esto unido a otros medios de propagación de apariencia e imagen distorsionadas ha dado lugar a niñas, adolescentes y aun mujeres mayores, desfasadas de época, vistiendo y haciendo cosas totalmente impropias para su edad.

La propagación del “Nuevo Look” ha creado una crisis de identidad, y trastocado los valores y costumbres de la familia bíblicamente tradicional al punto de afectar su armonía y unidad. En el hogar debe prevalecer un ambiente de firmeza y amor que estimule a cada miembro a desarrollar su personalidad con autenticidad bíblica. Nuestras jóvenes necesitan saber que una buena apariencia no es precisamente la imagen que los medios les están vendiendo. Y el joven debe vestir y comportarse varonilmente. No podemos dejar que la vanagloria y el materialismo nos arropen al punto de no discernir espiritualmente.

Muchas familias se endeudan para adquirir cosas inútiles que han creído urgencias por el afán de la apariencia, competencia e influencia de la publicidad, quien explota nuestros sentidos y manipula nuestra percepción. Y como para obtener este “Nuevo Look” hay que tener dinero, la obtención del mismo se ha vuelto el norte y objetivo principal de la inmensa mayoría, descuidando y sacrificando, por los horarios largos de trabajo, a la familia.

Es necesario que regresemos nuestra mirada a Jesús. Es necesario que la Biblia oriente nuestra economía familiar. Es necesario tener un plan que se oponga a lo frívolo y material, y que encauce nuestros principios a vivir una vida de dependencia y fe genuina en Dios (Heb 13:5).

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