Las resoluciones de año nuevo son tan comunes que traspasan diversas culturas lo que nos hace preguntar ¿por qué? La historia nos dice que hasta en los tiempos de los babilonios, las personas hacían resoluciones de año nuevo.

¿Hay algo diseñado en el corazón humano que produce este deseo de mejorar y comenzar de nuevo? Génesis 1:27 nos enseña que fuimos creados a la imagen de Dios. La palabra hebrea para imagen es “tselem” que significa semblante y la raíz de la palabra es sombra. Entonces podemos deducir que  tenemos algunos de Sus atributos pero no todos y aquellos que tenemos no son tan completos como los de Dios. No tenemos omnisciencia, omnipresencia y tampoco somos todopoderosos pero algunas de las características  como la inteligencia, la creatividad, la capacidad de comunicar, amar y odiar, y a diferencia de los animales tenemos una naturaleza no solamente física sino también espiritual.

Debido a que somos solamente como una sombra de Dios no somos completas como El es (Hebreos 13:8) por lo que siempre tenemos el deseo de ser mejores, pero como somos pecaminosas, ésa misma naturaleza nos hace distorsionar no solamente Sus atributos sino la forma de ser mejores.

En Génesis 3:6, Eva comió de la fruta porque “el árbol era deseable para alcanzar sabiduría.”  Sabemos que el deseo de sabiduría no es pecaminoso porque en 1ª Reyes 10, cuando Salomón pidió sabiduría para dirigir el pueblo, fue de agrado a los ojos del Señor. Entonces ¿cuál es la diferencia? Ambos sabían que estaban incompletos pero mientras Salomón buscaba la sabiduría del Señor, Eva buscaba la sabiduría del mundo (el fruto prohibido). Uno significa dependencia de Dios mientras que en el caso de Eva, independencia de El.

En Efesios 4:22-25 Dios mismo nos manda a ser mejores para que la sombra pueda parecerse más a Él, además Él ha puesto Sus leyes en nuestros corazones y mentes, (Hebreos 10:16), de allí que el deseo de mejorar sea tan común.

Las resoluciones cristianas necesitan ser diferentes de las del mundo. El deseo de mejorar nuestro no tiene que ver con el éxito, la belleza, la salud física o cualquier otro deseo terrenal, sino desde el punto de vista espiritual. Nosotros  “…somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas” (Efesios 2:10) por lo que la motivación hace la diferencia. Como  A.W. Tozer dijo “No es lo que el hombre hace lo que determina si es sagrado o secular, sino porqué lo hace.” El deseo de mejorar es universal porque en su corazón, el hombre reconoce su necesidad, pero no la incapacidad de mejorar de forma integral, sin Dios. Nuestra meta debe ser una vida que imite a Cristo. Entonces ¿cuáles serán nuestras resoluciones de este año? ¿La santificación, la rendición, o vivir una vida centrada en Cristo?

Si vivo con una cosmovisión bíblica mis deseos deben estar basados en los valores y prioridades de Cristo. Cuando mi cosmovisión es mundana, cambiará según las circunstancias; las mismas personas que gritaban: ¡Hosanna! Bendito el que viene en el nombre del Señor, el Rey de Israel. (Juan 12:13) fueron las mismas que pocos días después gritaban ¡Crucifícale!

¿Cuál cosmovisión elegiré este año? ¿Seguiré la sabiduría del mundo como Eva o decidiré elegir la de Dios como Salomón? ¿Cuánto haría para adorar a Jesús? El quiere todo de nuestras vidas porque Él lo merece todo. ¿Cuál será mi decisión: Jesús o el mundo?

¡Bendiciones!

Por Cathy Scheraldi de Núñez, Coretesía de “Ministerio ezer” – https://www.facebook.com/EzerIBI?fref=ts

“ezer “es un ministerio de mujeres de la Iglesia Bautista Internacional (IBI) en Sto. Dgo. Rep Dominicana, el cual “Exhorta a cada mujer a abrazar el diseño y el rol que Dios le ha asignado en la creación”.