En cuanto al dinero, existen en la iglesia de hoy dos posiciones extremas;

1-    El creyente deber ser pobre, como lo fue Jesús. 

2-    El pobre esta en maldición. Dios quiere que los creyentes sean ricos y prósperos en lo material.

Siempre se ha dicho que todos los extremos son malos… estos no son una excepción. Puede que esta explicación nos arroje alguna luz.

Rebatiendo la postura número 1, recordemos que es un hecho que Dios ha creado TODO en abundancia para que lo disfrutemos (Gn 2: 8-14). Dios colocó al hombre en un Jardín y le dio el mandato y la libertad de trabajarlo y mantenerlo para su propia subsistencia. Esta intención original de Dios fue afectada por la entrada del pecado al mundo.  El hombre entonces cambió el orden de prioridades e hizo de las posesiones materiales su propio Dios.  Esto es lo que entonces dio orígen a la postura número 2. Entonces un factor en común en ambas consideraciones es este: El dinero es visto otra vez, como un fin: algo que procurar o a lo que renunciar. 

Entonces, cómo disfrutar u obtener el dinero de forma agradable a Dios?

1-     Por medio del trabajo. Ya lo dijimos antes: Dios encomendó a Adán el trabajar el Jardín mucho antes de la caída.  Después de ésta, aunque con mucho más esfuerzo de nuestra parte, Dios nos ha encomendado lo mismo.

2-     Por medio del ahorro. ¡Palabra clave! A lo que todas aspiramos, y bien soportado por estos versos: En casa del sabio abundan las riquezas y el perfume, pero el necio todo lo despilfarra(Pr 21:20)

3-     Por medio de una planificación adecuada.  Jesús, al enseñarle a sus discípulos sobre cuánto cuesta seguirle, usa este verso como ejemplo:  Porque  ¿cuál de vosotros, queriendo edificar una torre, no cuenta primero sentado los gastos, si tiene lo que necesita para acabarla?  (Lc 14:28)

¡Pudiéramos desarrollar cada idea de estas por separado y extender este tema! Antes de esto, quisiera reconocer otro gran problema que tenemos nosotros los humanos y del cual los creyentes no estamos exentos.  Adaptando el viejo poema  “Desiderata” a este tópico, podemos afirmar que: “Si te comparas con los demás, te volverás vano y amargado;  Porque siempre habrá personas más ricas y más pobres que tú.”

Entonces, quisiera dejar esta reflexión por el momento. Muchas de nuestras luchas espirituales provienen del hecho de que no seguimos el consejo del Apóstol Pablo: Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto”  (1ra Tim 6:8).

Amadas… ¿Cuántas veces no nos hemos encontrado quejándonos de nuestra situación, carencias y necesidades y peor aún, preguntando por qué una vecina o hermana en la fe tiene más que nosotras?  O viendo como un infiel, no merecedor de nada – a nuestro entender –tiene más que yo y vive una mejor vida que nosotras.

Te dejamos con estas preguntas para tus fines personales:

  • ¿Estoy viviendo una vida de contentamiento? ¿Cómo han afectado estas raíces de amargura mi relación con Dios y con los demás?
  • Coméntanos algo en anticipación para nuestro próximo artículo: ¿Cuál a tu entender es la diferencia entre contentamiento y conformismo?

¡Bendiciones a granel!

Selah

*Libro consultado: “¿A quién pertenece el Dinero?” – J. MacArthur