“Y dijeron el uno al otro: He aquí viene el soñador” (Génesis 37:19).

A José le llamaban el soñador. Como todo jóven tenía sueños… sueños grandes. A tal grado que lo metieron en problemas, pero también lo mantuvieron a flote, esperanzado y útil a Egipto, Faraón, y toda su parentela.

Los sueños son poderosos. Dios los usó para dirigir e inspirar a su pueblo en el Antíguo Testamento y los sigue usando hoy con nosotras. Los sueños están íntimamente relacionados con nuestro llamado. Ellos nos dan visión, llenan de energía, de entusiasmo y de esperanza. Y ellos nos sacan de la mediocridad para impulsarnos a una vida de propósito y bendición.

Los sueños son esa chispa que enciende nuestra imaginación, acelera nuestro corazón y pone en marcha nuestros pies. Dios necesita soñadores. Personas que vean más allá de sus circunstancias y estén dispuestas a elevarse sobre el nivel de los demás. Que fijen sus ojos en el galardón (Heb 12:2).

Pero los sueños también suelen ser peligrosos. A José le ganó el regaño de su padre, y el odio, envidia y mala voluntad de sus hermanos (Gn 37:8-11). Sin embargo, la fuerza y convicción de un sueño es capaz de mantenernos esperanzadas, firme, y positiva en medio de las situaciones más adversas. Este fue el caso de José quien fue dado por muerto a su padre, vendido como esclavo por sus hermanos, apresado injustamente en Egipto y alejado del apoyo familiar.

Durante el tiempo de la dificultad el único soporte de José fue Dios y la convicción de que él convertiría -de alguna manera- sus sueños en realidad. El estaba persuadido como Pablo de que “el que comenzó la buena obra la había de perfeccionar en él” (Fil 1:6) y permaneció fiel “todo el tiempo” a esa convicción.

Pero todo sueño tiene un precio, alto por cierto. No tardarán en llegar los adversarios del enemigo a estorbarte y desanimarte, así como personas bien intencionadas a tratar de persuadirte con sus razonamientos lógicos de que debes ser más “realista”. Es lógico pues ellos carecen de la visión y el llamado que tú particularmente has recibido de parte de Dios y al cual debes permanecer fiel. El costo de no seguirlo en cambio, es vivir confinada a una vida insignificante y común, a no dejar un legado ni impactar el Reino.

Gracias a personas atrevidas tenemos adelantos en todas las áreas del saber y a un Salvador que “ilógicamente” puso su vida por nosotras. José; gobernador de Egipto, vio el cumplimiento de su sueño. Él le dijo a sus hermanos: “Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación” (Gn 45:5, 7). Dios usó a José para preservar la vida de Israel (Gn 46:27), de donde nos vendría el Mesías.

Amada te invito a soñar siguiendo el llamado de Dios. El te dará la fuerza para mantenerte firme y enfocada, soportar las injusticias, vivir esperanzada, guardar tus convicciones, rescatar a tu familia y dejar un legado.

Oración: Gracias Señor por llamarnos y darnos sueños. Ayúdanos como mujeres de fe a salir de la mediocridad, responder a Tu llamado con entrega y brillar para Ti en este año. Por Cristo, amén.

Alabanza: Vuelve A Llamar, JARomero – https://www.youtube.com/watch?v=BripAD2xFp8