“Porque yo sé que mandará a sus hijos y a su casa después de sí, que guarden el camino de Jehová, haciendo justicia y juicio, para que haga venir Jehová sobre Abraham lo que ha hablado acerca de él”. (Génesis 18:19)

Desde Génesis vemos que Dios diseñó la familia para que fuera el primer espacio de desarrollo personal. El preparó el Edén como el hogar en que habitaría la primera pareja: Adán y Eva, junto a sus hijos, y como el lugar por excelencia donde cada integrante aprendería a glorificar a Dios.

En la familia se aprenden valores, normas, reglas, disciplina, afectividad, solidaridad, además del amor paterno y fraterno. Es en el contexto del hogar y la familia que aprendemos a vincularnos con otros; a establecer apego hacia nuestros seres queridos; a desarrollar un sentido de pertenencia, y a desarrollar el sentimiento de la filiación, fidelidad, obediencia y entrega. Valores como el trabajo, la responsabilidad, la dignidad y el respeto, se aprenden y refuerzan dentro de la familia. Somos el reflejo de la referencia moral, espiritual y humana que nos marcaron nuestros padres.

Aunque nadie tiene la familia perfecta, ni siquiera la familia ideal, debemos aspirar a construir una familia que sea sana y funcional, y que sirva para reproducir personas equilibradas, correctas, afectivas y cristianas. Por siglos las familias fueron estructuradas con padre, una madre e hijos, y todo el resto de la familia girando alrededor de éstos. Ese es el ideal de Dios y es el modelo de unidad que hallamos en la Biblia.

Lamentablemente el pecado junto a los cambios económicos y socio-culturales han producido otros tipos de familias: reconstruidas, rotas, monoparentales, o de padres de un mismo sexo. Sin embargo, ese nuevo esquema ha cambiado la mentalidad, el comportamiento y las prioridades del hombre y de la mujer, para quienes la familia no es su mejor inversión personal y social, ni su proyecto de vida. Para muchas el proyecto más importante es: el dinero, la casa, el carro, el confort, la vanidad, el estatus, la presencia, la fama o el arrastre político. De ahí que cada día más gente recoge la maleta y se va de la casa en vez de ganar experiencia y aprender a vivir en ella.

Es preocupante la cantidad de familias con un perfil de violencia, drogas, divorcio, manipulaciones, cinismo, machismo, abuso e inmadurez paterna. Demasiadas familias dañadas, disfuncionales y tóxicas reproducen hijos con daños en su desarrollo psíquico, emocional y social. Así familia representa la imagen de una sociedad enferma y desvalorizada, que estimula modelos negativos del proyecto familiar.

Amada, lucha y afánate por levantar hijos con principios y valores cristianos, porque esa la única forma de preservarlos para el reino de los cielos, y librarlos de las garras de la corrupción moral que arropa la sociedad.

Oración: Señor Amado, danos la sabiduría y el entendimiento necesario para criar hijos sanos para la gloria de Dios. Por Jesús. Amén

Alabanza: Hosanna, Hillsong – https://www.youtube.com/watch?v=j6xHR3t9e-I

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