“Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda”. (Salmos 139:4)

El texto describe en una forma maravillosa la Omnisciencia de Dios. Dios todo lo sabe: los hechos del pasado, las realidades presentes, y las eventualidades del futuro; todo está encerrado tras los barrotes de su insondable conocimiento. No sólo sabe Dios todo, sino lo que es aún más glorioso: Dios es el que traza el curso de los acontecimientos de modo tal que la historia, no es más que el desarrollo en el tiempo de su plan eterno. No hay un solo detalle que escape ni por un segundo al control de Dios. Ni un simple pajarito cae a tierra sin el permiso del Padre Celestial, y aun nuestros cabellos están todos contados (Mt 10:29-30).

El dominio que Dios tiene sobre toda su creación es universal, absoluto y perfecto. Y aun esos fenómenos inexplicables que desconciertan la mente la humana, y se ciernen ante los ojos de los científicos como una pared infranqueable y misteriosa, ante Dios nuestro Creador son tan claros y evidentes como la luz del sol de mediodía. Es por eso que al meditar sobre la profundidad de la sabiduría y el conocimiento de Dios, el salmista David nos dice: “Pues aún no está la palabra en mi lengua, y he aquí, oh Jehová, tú la sabes toda”. Si alguien puede leer la mente y el corazón, ese es nuestro Dios. Él no sólo puede percibir los movimientos engañosos del nuestro corazón, sino que Él sabe en todo momento qué estamos pesando y qué palabras podríamos usar para expresar esos pensamientos.

Cristo siendo Dios, lo sabía todo. Aunque los fariseos murmuraban en sus corazones, nos dicen las Escrituras que: “Sabiendo Jesús los pensamientos de ellos, les dijo:…” (Mt 12:25). Génesis 17:17 nos dice que ante la risa e duda de Abraham y Sara, Dios amorosamente los alentó en su fe a que creyeran esperanza contra esperanza (Ro 4:18).

¡Qué maravilloso es nuestro Dios! No está la palabra en nuestra lengua, y ya Dios sabe lo que hemos de decir. Muchas veces, bajo ciertas circunstancias apremiantes ni nosotros mismos sabemos exactamente lo que hemos de decir, pero Dios sí lo sabe. Y no sólo Dios lo sabe, sino que dice su Palabra que en esos momentos específicos el Espíritu Santo pone en nuestros labios las palabras exactas que hemos de comunicar (Mt 10:20).

Amada, saber esto me anima a descansar segura en las manos de mi Dios y Salvador, quien lo sabe todo. Él conoce lo que más me conviene y por eso al orar le pido que me ayude a confiar y desear que Su buena voluntad y no la mía, impere.

Oración: Mi Dios y Buen Señor, sea hecha Tú perfecta voluntad siempre en mi vida. Tú sabes que soy débil, así que cuando flaquee y la duda asome mi mente, ayúdame a confiar en Tí. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza: Te Necesito, Esperanza de Vida – https://www.youtube.com/watch?v=GrvntTDbuSQ