“Le respondió Simón Pedro: Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Juan 6:68).

Recientemente leí un artículo del psiquiatra norteamericano Harry Sullivan que hablaba del “Síndrome de desmoralización sin esperanza”. Con esta expresión él se refería al fenómeno psicosocial que está deteriorando poco a poco a la sociedad, a la familia y al ser humano en todas sus dimensiones.

Es como si de repente, se le hubiera borrado toda esperanza al hombre en el plano político, ético, económico y hasta religioso, sumiéndole en una crisis desmoralizante, sin que se vea al final del túnel una luz de esperanza para salir de la crisis moral, económica y político-social en que estamos.

Es algo que la gente percibe a nivel consciente, pero sin saber qué hacer para revertir esta atmósfera generalizada de desaliento. Los estudiosos de los fenómenos sociales no saben qué curso de acción tomar, cuándo cambiar, cómo hacerlo, o por dónde empezar. ¡Se han probado todas las alternativas disponibles a la mano, y todo ha resultado en vano! Vemos una sociedad cada vez más enferma y sumida en una desesperanza que se traduce en violencia y conductas antisociales.

Los líderes políticos le han fallado a sus seguidores. Y no sólo han fallado en encontrar la fórmula para crear una sociedad justa e igualitaria, sino que terminan burlándose de la fe, la confianza y las ilusiones que los pueblos depositan sobre ellos. De ahí surge mucha de la incredulidad, el desaliento y la desmoralización que sufrimos. Y se cumple una vez más lo que advierten las Escrituras en el Salmo 146:3 “No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación”.

Amadas, ante este cuadro desalentador y oscuro ¿qué debemos hacer? ¿En quién debemos poner nuestra esperanza? ¿A quién debemos acudir? ¿Acaso debemos seguir creyendo las falsas promesas de los políticos? ¿Crees que el próximo partido que gane las elecciones resolverá todos los males que nos aquejan? Eso es pura ilusión. Más bien debemos unirnos al sentir de Pedro quien dijo: “…Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna”.

Las palabras de los líderes mundiales son como hojarasca que se lleva el viento, sin valor ni peso; pero “la Palabra de Dios permanece para siempre”. Ella es la única verdad que debemos amar y seguir, y en la que podemos confiar plenamente. Ella nunca fallará, y en ella hacemos bien en depositar nuestra fe y esperanza.

Oración: Gracias Señor porque aunque cielo y tierra pasarán, Tú Palabra no pasará. Gracias porque en medio de un mundo incierto, Tú permaneces inconmovible. Me aferro a Ti; mi castillo fuerte. En el nombre de Jesús, Amén.

Alabanza: En Medio de la Angustia, Face2Face – https://www.youtube.com/watch?v=nhle4Dbsx70