“Con mi alma te he deseado en la noche, y en tanto que me dure el espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte”. (Isaías 26:9)

Una de las experiencias más hermosas que poco a poco se ha ido perdiendo en el pueblo de Dios es la práctica espiritual de levantarse de madrugada en busca de la renovadora presencia de Dios.

Cuán maravilloso se torna ese tiempo tan especial a solas con el Señor, en el que hacemos un alto en los afanes cotidianos de la vida y nos retiramos a un rincón apartado para encontrarnos con nuestro tierno y precioso Salvador. Estar a solas con el Maestro en horas avanzadas de la noche, por medio de la oración, es algo que no tiene precio.

Jesús opinaba igual. El acostumbraba ir a solas en las madrugadas en busca del rostro de Dios (Mc 1:35), y esa debe ser parte de la práctica piadosa del pueblo cristiano. Esa es una vivencia espiritual que no tiene comparación.

Qué gratificante es poder vencer el ajetreo diario y poder establecer una cita para estar con el Señor, cuando ya todos se han retirado a descansar, cuando reina el silencio absoluto y la tranquilidad se apodera de la noche. Son momentos en que nadie nos puede importunar con encargos familiares o de cualquier otro tipo, y podemos derramar nuestras almas delante de Señor, presentándonos ante Él tal y como somos; con nuestras debilidades e imperfecciones, sabiendo que Él nos recibe.

Ese fue el mismo compromiso del profeta Isaías: “Con mi alma te he deseado en la noche…”. Ojalá que nuestro deseo de buscar sinceramente al Señor no se quede ahí, en un simple deseo. Sino que de la manera como Isaías se empeñó con toda su alma en buscar a Dios (y en verdad, así lo hizo), que también lo hagamos nosotras. Que podamos dedicarle un tiempo especial a Dios en completa intimidad espiritual.

Que ese buscar a Dios en las madrugadas no sea la crisis de un momento, o la inspiración temporal, sino la motivación permanente de todo nuestro peregrinaje cristiano sobre esta tierra. Como dijo el profeta: “…mientras que me dure mi espíritu dentro de mí, madrugaré a buscarte”.

Amadas, mientras haya soplo de vida en nosotras, y el último suspiro de emoción vibre dentro de nuestro ser… busquemos a Dios en el silencio de la noche.

Oración: Gracias Padre, porque Tu has prometido que todo el que busca, halla (Mt 7:8). Gracias por invitarnos a buscarte ahora que puedes ser hallado; en tanto que estás cercano (Is 55:6). De madrugada te buscaré. Por Jesús, amén.

Alabanza: Temprano Yo te Buscaré, MWitt – https://www.youtube.com/watch?v=ADt2wYV6cwM